25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Fleischman
A propósito de la desigualdad, acabo de leer este artículo de opinión de droblo (http://www.euribor.com.es/2017/04/10/):

En mi opinión hay 3 tipos de desigualdad:

• La de ingresos.

Aunque se ha luchado contra ella lo cierto es que siempre hay quien trabaja más, tiene más talento o hace una labor más importante por lo que parece inevitable. Incluso personajes de izquierdas como Almodóvar, el Gran Wyoming o incluso Pablo Iglesias, que quizás con la boca pequeña defienden el modelo “igualitario”, son conscientes, y asumen, que un director de cine gana mucho más que un maquillador, que un presentador de éxito gana más que un cámara y que un profesor universitario y diputado gana más que el camarero del bar del Congreso. Así que parece inevitable cierta desigualdad salarial. Nada hay más injusto que la suerte, que a alguien le toque la lotería y a millones no y sin embargo, todos jugamos buscando ganar aunque eso genere desigualdad. Sin embargo, hay quien pretende limitarla para evitar casos extremos como por ejemplo el de Messi que gana, de salario, más de mil veces más que el empleado que menos gana del FCB. Como ya expliqué no hace mucho no veo posible limitar salarios en instituciones privadas. Cierto que algunos ganan demasiado y esos salarios salen –en el caso de directivos- de tarifas más altas o peores servicios porque injusticias siempre hay pero siguiendo con el ejemplo de Messi, su salario genera unos ingresos muy altos para la seguridad social y la hacienda pública en cada nómina; si se le pagara menos, seguramente se iría a jugar a otro país y esos ingresos se perderían. Es decir, sueldos altos en empresas privadas, siempre y cuando cobren legalmente, son beneficiosos para el erario. El problema económico es el salario de cada uno pero no la diferencia de salarios, si a mí me suben el sueldo en 10 mil € y a mi compañero en 20 mil la desigualdad aumenta, puede molestarme pero mientras me suban el sueldo, la noticia económica es positiva.

• La de capital.

Siguiendo con el ejemplo de antes, las personas que ganan más, pueden ahorrar e invertir y por lo tanto si la economía crece, como eso hace subir la bolsa y el precio de las propiedades, aumenta la desigualdad. Eso se ha hecho patente en los países donde más ha mejorado la economía la última década como Rusia, China o India: nunca hubo más millonarios y a la vez nunca hubo menos pobres. Son sociedades que viven claramente mejor pero la desigualdad aumenta porque el que tiene capital puede multiplicarlo (dinero llama a dinero) pero el que no tiene, no. La crisis ha provocado un aumento de la desigualdad en el mundo occidental por ese motivo (y por el abuso de la política monetaria que ha elevado el precio de los activos en mucha mayor proporción que los salarios), los norteamericanos viven mejor ahora que en primavera de 2009 (aunque sólo sea por los millones de empleos creados desde entonces) pero quien tenía dinero en acciones o en viviendas, ha mejorado mucho más que el que en aquella fecha no tenía ahorros. Los españoles estamos mejor que en verano de 2012, el punto mínimo de la actual recesión, pero desde luego quien entonces tenía fondos de inversión en renta variable y casas, ha aumentado mucho más su riqueza que la mayoría. ¿Es un problema económico este aumento de la desigualdad? Para responder a esa pregunta imaginemos que la situación cambia y mañana hay un crash bursátil como el de 2008 y un desplome del sector inmobiliario y caen fuertemente los precios de los activos. La desigualdad se reduciría porque los más ricos lo serán mucho menos pero eso provocaría una nueva crisis y más paro con lo que la sociedad en su conjunto viviría peor así que no, no es un problema económico que haya más ricos mientras haya menos pobres. Además, la igualdad de dinero que tenemos todos en la cuenta corriente no sólo es injusta porque hay personas con más talento y que se esfuerzan más, es que es utópica porque no se corresponde con la realidad humana. El incentivo de mejorar está dentro de nosotros y si el que posee cierto capital tiene hijos, como todo padre hace, invertirá en su educación y les dejará patrimonio en herencia por lo que probablemente la desigualdad continuará en la siguiente generación.

• La de oportunidades.

Ahí sí que tenemos un claro problema tanto social como económico ya que un niño es inocente de nacer en el Chad en lugar de en Suiza y ni alguien con un gran talento o con una gran fuerza de voluntad es capaz de desarrollarse y explotar su potencial sin servicios básicos como la educación o la sanidad. Si Bill Gates hubiera nacido en Somalia dudo mucho que hubiera podido crear Microsoft. Por supuesto lo ideal sería –en el mundo y en España- que desde el nacimiento todos tuviéramos las mismas oportunidades pero todo padre intentará dar a su hijo la mejor educación y los mejores servicios sanitarios. Lo sé por experiencia porque por ejemplo yo que vengo de familia humilde en los veranos a la edad que ahora tiene mi hija trabajaba mientras que ahora ella viaja al extranjero para mejorar el idioma, yo nunca fui en mi niñez al dentista mientras ella sí ha tenido atención denta…l por lo que a no ser que cambiemos radicalmente la institución familiar y los padres dejemos de invertir en nuestros hijos en la medida de nuestras posibilidades–algo que no creo que pase- el hijo de un rico lo tendrá más fácil que el hijo de un pobre. Luchar contra esa desigualdad y exportar al mundo el modelo europeo que permite que incluso familias con escasos recursos tengan acceso a servicios sociales, infraestructuras, sanidad, educación, becas públicas, etc. debería ser una prioridad. En lugar de eso, la desigualdad se ha puesto de moda porque, como he explicado antes, ha comenzado a notarse en Occidente al salir de la crisis.

Sinceramente todo es mejorable pero la igualdad de oportunidades en España es óptima en relación al resto del planeta, no es para nada un problema crítico como sí lo es en naciones más pobres o incluso en los EUA, donde un estudiante de notable sin habilidades para el deporte tiene serios problemas para poder acceder a la universidad si su familia no tiene “posibles” e incluso cuando accede a una (y si no es de prestigio puede ver recortadas sus opciones laborales de futuro), es a costa de pagar costosos créditos universitarios durante sus primeros años en el mercado laboral. Y no digamos lo cara que es una asistencia médica de cierta calidad. De hecho, los datos –medidos por el coeficiente Gini- dicen que hoy hay menos desigualdad en el mundo que hace 20 años y la única gran economía desarrollada que hace la excepción son los EUA.

Por otra parte, tendemos a pensar que la desigualdad es algo que el sistema económico nos impone cuando en muchas ocasiones la desigualdad la creamos nosotros. Todos conocemos casos de antiguos compañeros de escuela, con una situación social similar, que han evolucionado de forma muy dispar. Volviendo a los ejemplos familiares, tengo dos hermanos que fueron a uno de los mejores colegios privados de Madrid (ambos con becas de las que otorgaba Franco –yo ya no las pude disfrutar- a las familias numerosas) y uno acabó siendo catedrático y hoy es de clase media-alta y otro no acabó el bachillerato elemental y no se sacó el graduado escolar hasta ser adulto y hoy pertenece a la clase media-baja. Porque cada persona es como es y se desarrolla de forma distinta (ni mejor ni peor, una persona pobre puede ser más feliz que una rica) incluso partiendo de unas mismas condiciones. Por eso es absurdo intentar imponer la igualdad y por eso donde se ha intentado ha fracasado.
En resumen, la desigualdad de rentas y capital no es un problema económico siempre y cuando el conjunto mejore, mientras haya menos pobres es positivo que haya más ricos (es un tema a debate, pero yo ahí veo una clara relación). Incluso para los ingresos del conjunto, dado que una persona que gana un millón de € paga al fisco (o debería) mucho más que mil que ganan mil €. Sí es un problema grave la desigualdad de oportunidades pero a nivel planetario y en países concretos, en España no lo es tanto. Aquí la prioridad en lo social debe ser acabar con la pobreza antes que con la desigualdad y la prioridad en lo personal es que mi salario sea mayor, no que la diferencia con el salario de Messi sea menor.


===

He mirado el coeficiente de Gini en la wiki (https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_igualdad_de_ingreso) pero está claro que no hay que utilizarlo (como casi todos) como parámetro único: Ucrania tiene el 9º mejor y Bielorrusia el 10º, mientras que Estados Unidos está en el 123 y Chile en el 133. Y no sé vosotros, pero un servidor prefiere irse de conquistador a Chile que a Ucrania...
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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
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Fleischman, estoy de acuerdo contigo en que nunca ha habido sociedades totalmente igualitarias porque es imposible, así no nacen todas las personas con las mismas capacidades, ni con la misma inteligencia. En todas las sociedades humanas hay jerarquías. La desigualdad comienza desde que nacemos ya sea, entre otras causas, porque se tuvo la fortuna de nacer en una familia rica o el inconveniente de nacer en una familia humilde.  

Las antiguas socialdemocracias europeas no querían que todos fueramos iguales ni que ganaramos los mismos salarios o prohibir la propiedad ni la inversión, su objetivo era atenuar las diferencias sociales y económicas que se crean inevitablemente en una economía de mercado. No era quitarle al rico para darle al pobre, aunque suene muy crisitiano, era que las personas con menos recursos tuvieran acceso a servicios básicos como educación, sanidad, trabajo bien remunerado con derechos laborales, vivienda etc, para llevar una vida digna, no digo opulenta, simplemente digna como podemos entender este concepto en Europa. Su objetivo era corregir las inevitables desigualdades económicas y sociales que se producen en toda economía de mercado a través de un estado fuerte y redistributivo. Con aumentar un poco más los impuestos directos a las clases más pudientes no los conviertes en pobres pero el estado si tendría recursos para la inversión social, sin ánimo de lucro.

En una socialdemocracia antigua europea tu hermano que por circunstancias de la vida no tuvo fortuna, o eligió mal o se despistó un poco o cualquier otra causa que lo llevó a unas condiciones socioeconómicas más precarias, tendría la seguridad que por mal que le fuera tendría una vivienda sin peligro de deshaucio, una educación pública para sus hijos, una sanidad gratuita para él y su familia, un trabajo que aunque humilde le permitiera llevar todos los días el pan a sus hijos y a su esposa.

La socaldemocracia es incompatible con el neoliberalismo. Desgraciadamente la actual socialdemocracia europea se vendió al neoliberalismo e hicieron de la privatización y la austeridad de las clases menos favorecidas su bandera.

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Dejo un artículo muy ilustrativo para saber por donde camina esta UE que en absoluto es de los pueblos, pertenece a los mercaderes y a los banqueros. Si usted es banquero o mercader estará en horabuena porque esta UE se ha hecho a su medida.

Los españoles y la UE: El euro y la implantación del neoliberalismo


Por Juan García Ballesteros





El Tratado de Maastricht (1992), concebido para fortalecer los procesos democráticos, promover la cohesión y el desarrollo social y llegar a una unión política de los países miembros de la Unión Europea (UE), acabó como fin primordial imponiendo una unión monetaria (el euro) y un mercado común para facilitar el intercambio de productos.

La implantación del euro, en 2002, en países con una gran desigualdad económica, sin llegar a una previa convergencia, ha establecido grandes desequilibrios y la ampliación de la brecha económica entre países ricos y pobres.

Junto a la moneda única, la Unión Económica y Monetaria que Maastricht impuso, traería para los países miembros una pérdida de autonomía política y económica. Será la Troika, mediante sus políticas de austeridad, la que asuma el control e imponga sus dictámenes para el desarrollo de un régimen salvaje (neoliberalismo) que potencie los poderes económicos y financieros (mercados) en contra del desarrollo social de los pueblos. Todas las competencias monetarias pasan al Banco Central Europeo (BCE), institución autónoma, sin control democrático, que fiscaliza todo el sistema financiero y bancario de la eurozona. Su gran objetivo es controlar la inflación y el nivel de precios. Para ello, impone multas a los países que incumplan, por lo que el refugio de la derecha y socialdemocracia europea es aplicar recortes en derechos sociales (sanidad, educación, dependencia, pensiones,…), vender empresas públicas, reformar del mercado laboral (abaratar despidos, perder derechos, bajar salarios) y abandonar la inversión pública.

La moneda única ha supuesto para los países con economías más débiles, como España, una subida generalizada de precios y una carestía de la vida. Con la llegada de la crisis (2008) esta armonización de los precios, junto a la pérdida de poder adquisitivo (bajada de salarios), al aumento del paro (hasta el 25 %), pérdida de derechos laborales y sociales (subsidio por desempleo, bajada de días por despido, contratos basura,…), han supuesto un grave problema para la gran mayoría de los trabajadores y clase media de todos los países, pero en especial de los más débiles económicamente (Sur de Europa) cuya población, en un porcentaje muy elevado, ha sufrido y está sufriendo desahucios, desigualdad, pobreza y exclusión social.

Según Maastricht, el BCE no puede ofrecer dinero directamente a los estados. Casi se lo regala a la banca privada y ésta se lo presta a los países a altos intereses. Negocio redondo, con fondos públicos, la banca privada europea (sobre todo la alemana) obtiene enormes beneficios. En los últimos ocho años, España ha tenido que pagar más de 200.000 millones de euros en intereses. Si nuestro país recibiera directamente préstamos del BCE o el Banco de España pudiera emitir la moneda nos hubiéramos ahorrado esa deuda y se podría haber utilizado para el mantenimiento y desarrollo de nuestro país sin tener que recortar el estado del bienestar, ni servicios públicos, ni pensiones.

En nuestro país, la suspensión, en un porcentaje elevado, de los préstamos bancarios y la pérdida del poder adquisitivo de una gran mayoría de población (incluidos clase trabajadora, clase media, funcionarios y autónomos) ha llevado a una enorme bajada del consumo con el consiguiente hundimiento de muchas pequeñas y medianas empresas que se han visto abocadas al cierre.

Es indudable que la estructuración del régimen económico en la UE está perjudicando seriamente el desarrollo político, social y económico de España. Para mantener el estatus, con enormes beneficios para la banca y grandes empresas, el sistema financiero dispone de voceros y lacayos fieles que difunden las bondades del sistema. Son los medios de comunicación que juegan un papel clave en ocultación y manipulación de la verdad sobre lo que realmente ha significado de negativo la implantación del euro para nuestro país y los partidos políticos (en España PPSOE) que comulgan con el régimen y obedecen ciegamente (modificación del art. 135).

Hay partidos y sindicatos, así como analistas políticos y económicos que defienden la salida del euro, pero esta posibilidad sólo será posible si las naciones y los pueblos más perjudicados se organizan y actúan conjuntamente. Mientras tanto, los partidos políticos, sindicatos y colectivos sociales que están en contra de las políticas de austeridad, deben exigir y poner en práctica medidas tendentes a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los ciudadanos.

Es necesario romper con las políticas de recortes que nos imponen desde los poderes económicos europeos, lo que supone: promover la inversión pública, restablecer los derechos sociales y laborales sustraídos, aumentar el salario mínimo y garantizar un mínimo económico que acabe con la precariedad alimentaria y energética, auditar la deuda pública, recuperar los salarios, establecer un sistema fiscal progresivo, acabar con el fraude fiscal y exigir a la banca préstamos a bajo interés que beneficie a las familias, a los autónomos y que posibilite el desarrollo y creación de PYMES.

FUENTE





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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
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Una Unión Europea Antidemocrática






En la era de la globalización, la eliminación gradual de la toma de decisiones de las cámaras democráticas por parte de las élites de la Unión Europea sirve de plan de acción para la gobernanza postdemocrática en todo el mundo.

Está claro que Europa debe reformarse, pero la salida de la UE o su desintegración sería un cataclismo. Estas personas progresistas tienden a verse como internacionalistas y cosmopolitas, y previenen que salirse de la UE abriría las puertas a más nacionalismos y a la extrema derecha. (Al contrario, dentro de esta UE neoliberal ha crecido la extrema derecha y la xenofobia).

La debacle griega no es más que el último episodio de una larga serie de normas democráticas incumplidas y que la UE es, estructuralmente, no democrática e irreformable. En consecuencia, la ruptura con la UE y la vuelta al Estado-nación están a la orden del día. Los defensores de esta postura alegan también ser internacionalistas, pero en gran medida entienden que la palabra significa solidaridad entre naciones más que el hecho de trascender el Estado-nación.Las pancartas que se colgaron en la Acrópolis y que rezaban “¡Pueblos de Europa,levantaos!” son emblemáticas de esta postura. Para estas personas, los pueblos de Europa son muchos, no uno solo; no hay un demos europeo. No se lo imaginan. No lo quieren. (Paradojicamente si Europa vuelve a los estados-nación  provendrá de la ultraderecha no de la izquierda extraviada europea).

Los defensores de la postura de ‘ruptura’ señalan también que la existencia de la UE  no ha impedido el crecimiento del nacionalismo y la extrema derecha. Tampoco se equivocan en ese punto.

En la era de la globalización, la eliminación gradual de la toma de decisiones de las cámaras democráticas por parte de las élites de la UE sirve de plan de acción para la gobernanza postdemocrática en todo el mundo a escala global, continental, nacional y hasta local. La arenga debería ir más allá de la reforma, aunque esta sea bienvenida o la ruptura, aunque esta sea necesaria y reanudar la demanda de los indignados españoles en 2011 en contra de la austeridad y a favor de la democracia real, a todos los niveles de la sociedad, dentro y más allá del Estado-nación.

La postdemocracia en la Unión Europea

La realidad es que las estructuras postdemocráticas que gobiernan la eurozona existen también a lo ancho de la UE y son anteriores a la introducción del euro. La Comisión Europea no se elige. Los miembros del Consejo de Ministros y su encarnación al máximo nivel, el Consejo Europeo, solo se eligen indirectamente y las leyes son elaboradas en secreto en el transcurso de sesiones a las que no se permite la entrada ni a la prensa ni al público. Los legisladores habituales del Consejo no son ni siquiera ministros nacionales, sino los diplomáticos trileros del Comité de Representantes Permanentes (COREPER) y las docenas desubcomités y grupos de trabajo que deliberan también en secreto, fuera del escrutinio de los electores.

En otras palabras, el hecho de gobernar de manera encubierta que se ha reservado históricamente a la supervisión de espías y asesinos, la investigación en armas químicas y nucleares y su adquisición, la bioseguridad y los tratados con Estados enemigos es ahora la norma cotidiana en la UE cuando se elaboran leyes relativas a las subvenciones agrícolas, la regulación de la industria y las finanzas y, sobre todo, los mercados laborales y los programas sociales.

El presidente del Consejo Europeo —llamado a menudo ‘presidente europeo’— tampoco se elige; se le escoge, cual papa secular, tras puertas cerradas después de horas de tira y afloja entre jefes de Estado  y Gobierno. La única institución elegida directamente de la fábrica de salchichas legislativa que es la UE —el Parlamento Europeo— no tiene derecho de iniciativa legislativa; es decir, no puede proponer ni aprobar leyes. Solo puede enmendar lo que la Comisión y el Consejo le envíen para su conformidad. Estos poderes son importantes y los grupos de presión de las empresas y de las ONG sienten tanta atracción por los escaños mellizos de Bruselas y Estrasburgo como por el Congreso estadounidense en Washington, pero al estar restringido de esta manera, el Parlamento Europeo no se parece a ningún otro Parlamento del mundo democrático. Los europarlamentarios no son representantes de un pueblo europeo soberano, sino los ‘recogepedos’ de los altos funcionarios de la tecnocracia de la UE.

Si los votantes discrepan de las políticas de este Gobierno europeo, no hay manera de revocarlo, no hay ninguna elección general para ‘echar a los bastardos’. Pero si este Gobierno europeo no está de acuerdo con las preferencias de los votantes en las elecciones nacionales o los procesos consultivos, acosa por lo general a los líderes nacionales para que anulen los resultados de las elecciones, los referendos o los plebiscitos que no le plazcan. A los votantes irlandeses se les dijo que tenían que votar de nuevo después de rechazar los Tratados de Niza y Lisboa. El propio Tratado de Lisboa es la Constitución Europea con otro nombre, después de que los votantes franceses y holandeses la rechazaran en 2005.

Bajo el sistema del Semestre Europeo introducido en 2011, en el que la UE revisa las políticas fiscales nacionales, todos los Estados miembros deben someter sus planes económicos a Bruselas, no solo los Estados de la eurozona. Hay reglas ligeramente distintas para los países que no utilizan el euro, pero estas son más bien cosméticas. Asimismo, el endurecimiento de las reglas económicas que se impuso al amparo del Pacto Fiscal en 2012 — con una supervisión y multas más estrictas — se aplica a todos los Estados que no utilizan el euro, salvo a tres. La eurozona goza también de otras dos muestras de corrupción antidemocrática: los lores monetarios no elegidos del Banco Central Europeo y el Eurogrupo, un organismo que no tiene estatus jurídico, pero que se encuentra entre las entidades más poderosas del sistema europeo.

No se trata solo de malas políticas que se podrían cambiar en el futuro; son tratados e instrumentos con carácter de tratado que transforman las mismas estructuras del Estado europeo, de tal manera que el neoliberalismo solo puede intensificarse. Esto se debe a que los contratos entre Estados están por encima de la democracia bajo el principio jurídico de pacta sunt servanda; es decir, "hay que cumplir los acuerdos". “Cada nuevo Gobierno debe cumplir los acuerdos contractuales de sus predecesores”, como dijo el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, después de la victoria electoral de Syriza en enero de 2015. “Las elecciones no cambian nada.” El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo al mismo tiempo: “No cabe elección democrática en contra de los tratados europeos”.

Elecciones sin rendición de cuentas

La rendición de cuentas no es un ‘asunto burgués’, ni el objeto de fascinación de constitucionalistas liberales y de escaso interés para progresistas o radicales. A medida que las estructuras de gobernanza se van liberando gradualmente de las restricciones democráticas, son más vulnerables a la captación por parte de las élites. Sin los controles populares sobre el poder, los ciudadanos empiezan a sentir que no hay forma de cambiar a quién los gobierna. Las elecciones generales ofrecen un control, permitiendo que el pueblo tenga la oportunidad, de forma regular, de alcanzar una ‘revolución pacífica’. Si se deniega esta oportunidad, entonces la revolución violenta, una vez más, es la única manera de deshacernos de nuestros gobernantes.

La postdemocracia global

Incluso Pascal Lamy, exjefe de la Organización Mundial del Comercio y excomisario europeo de Comercio, reconoce este problema, no solo en la UE, sino en todas las estructuras de gobernanza transnacionales que han surgido en las últimas décadas. Observa una diferencia entre la legitimidad democrática primaria de las elecciones legislativas y la legitimidad secundaria de estos nuevos organismos transnacionales. Este tipo de estructuras internacionales de gobernanza postdemocráticas —el intergubernamentalismo sin elecciones— prolifera hoy como la mala hierba en casi todos los campos de la política: desde el FMI, el Consejo de Seguridad de la ONU y el G7 a la OMC y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP), la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC por su sigla en inglés), la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas e incluso la Comisión Ballenera Internacional.

La UE es el organismo más desarrollado de todos los que padecen la legitimidad secundaria y, por tanto, merece mayor escrutinio. Como hemos visto, la UE y no solo la eurozona es una afrenta a las normas parlamentarias democráticas. Sus estructuras no son reformables; de hecho, las mismas estructuras funcionan para vacunarse contra las reformas progresistas. Si la reforma es imposible, entonces el derrocamiento se hace necesario.

El camino a seguir en un orden postdemocrático

En una economía globalizada, la socialdemocracia que caracterizó al período 1940-1970 ya no es posible, ni siquiera en las grandes economías. La fuga de capitales y el sabotaje económico domarán rápidamente a un gobierno de izquierdas. La debacle griega es la prueba de que, en una economía globalizada, incluso los gobiernos a la izquierda de la socialdemocracia, como Syriza, deben capitular. Sería el caso de un Gobierno de Podemos en España o un gobierno liderado por Corbyn en el Reino Unido.

Para Grecia, imaginar que fuera de la eurozona los mercados podrían ser más amistosos que las estructuras de la UE es una quimera. La catástrofe está asegurada, sea dentro o fuera del euro o de la UE. El exministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, tenía toda la razón cuando avisaba de los peligros del Grexit, aun reconociendo que, hasta cierto punto, puede ser la única opción que queda.


Fragmentos del ensayo de Leigh Phillips,  periodista, especializado en la Unión Europea y en ciencia.


Nota: Los comentarios dentro de los paréntesis son de mi autoría.

FUENTE  

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Otros artículos de interés:

LA DICTADURA EUROPEA

Europa y su Euro son el gran problema…

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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Fleischman
En respuesta a este mensaje publicado por Juan Carlos
Desconozco si el euro es el causante de todos los males, puesto que todo eso (armonización de los precios, junto a la pérdida de poder adquisitivo, bajada de salarios, aumento del paro, pérdida de derechos laborales y sociales) también se sufrió en España en crisis anteriores, teniendo la peseta. E incluso estando fuera de la UE, como por ejemplo durante la crisis de los 70. No sea que le echemos la culpa al euro de la próxima gota fría...

Lo que siempre me ha llamado la atención es que esta crítica, recurrente en la crítica al euro, no se aplica al resto de monedas, existiendo como hay grandes desequilibrios dentro de los países (incluso mayores que los existentes entre países, y no hay que irse muy lejos para verlo.)

"La implantación del euro, en 2002, en países con una gran desigualdad económica, sin llegar a una previa convergencia, ha establecido grandes desequilibrios y la ampliación de la brecha económica entre países ricos y pobres."

¿La implantación de la peseta en regiones con una gran desigualdad económica, sin llegar a una previa convergencia, no ha establecido también grandes desequilibrios y la ampliación de la brecha económica entre regiones ricas y pobres?

Cuando teníamos la peseta no recuerdo que esta gente protestara contra ella y pidiera monedas distintas en Cataluña y en Extremadura. Y supongo que también tendrían que ser distintas en Barcelona y Gerona, que seguro que también hay desequilibrios, con lo que la peseta los agrandaría...

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Por otra parte, si vamos a los datos, el artículo dice que la implantación del euro en 2002 ha provocado "la ampliación de la brecha económica entre países ricos y pobres". Habría que definir exactamente qué se entiende por "brecha económica" y qué países incluimos en el grupo de los ricos y cuáles en el de los pobres.

Pero si voy a lo fácil, y tomo el PIB como indicador de la economía, comparando Alemania con España en el presente y en 2002 (hoy estoy perezoso, voy a lo fácil), resulta que... tachán tachán... ¡sorpresa! Lo que dice el artículo es, por variar, falso (si nos fiamos de los datos de datosmacro, me da pereza contrastar y he copiado bien).

PIB Alemania 2002: 2209290 M€
PIB Alemania 2016: 3132670 M€

PIB España 2002: 749288 M€
PIB España 2016: 1113851 M€

Resulta que (insisto en que midiendo a lo bruto con el indicador estrella, el PIB, que ya sé que no es perfecto), la brecha no solo no se ha ampliado, sino que se ha reducido. (Obviamente en términos relativos, como hay que comparar.)

De hecho, la tendencia actual es justamente la reducción de la brecha:

El producto interior bruto de España en 2016 ha crecido un 3,2% respecto a 2015, tasa que es igual a la del año anterior.

El producto interior bruto de Alemania en 2016 ha crecido un 1,9% respecto a 2015. Se trata de una tasa 2 décimas mayor que la de 2015, que fue del 1,7%.

Ya sé que el PIB no lo es todo, y que hay que tener en cuenta la deuda y un millón de cosas más. Me apuesto el bocadillo del recreo a que el autor se las apañaría para medir la "brecha económica" ad hoc de forma que se cumpliera eso de que se amplía a los cinco segundos de tener el euro, pero si ni siquiera se toma la molestia y lo cuenta como verdad relevada, pues mal vamos...

Como decía Cortocircuito, quiero datos, datos, datos... (que luego ya las opiniones me las hago yo).

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"una enorme bajada del consumo"

Ya vimos que también es falso. No ha bajado, sino que ha subido (y sigue subiendo). Pero para que cuele mejor, la (presunta) bajada es enorme. Parece ser que Amancio Ortega ha aumentado su consumo enormemente y así compensa la bajada de todos los demás.

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¿La solución es emitir moneda a tutiplén? Eso ya está inventao.



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¿La solución es crédito (más) barato a tutiplén? Eso ya está inventao.



Que con una vuelta a la peseta me apuesto el bocadillo del recreo a que el crédito no sería más barato...

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Por lo demás, yo también quiero subida de sueldos, que se acabe el fraude fiscal, que me crezca la picha, etc. (básicamente las mismas promesas de paraíso celestial que nos dicen los del otro bando).

Venga, siguiente artículo...


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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
Fleischman, hablando del PIB de España, hay te dejo una joya que te proporciona datos, datos y más datos

"España quedará arruinada para los próximos 50 años", según el economista Roberto Centeno

Las cifras oficiales de deuda y PIB son falsas

Me apuesto el bocadillo del recreo a que Centeno lleva razón
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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Fleischman
Conozco los argumentos del bueno de Roberto, pero me apuesto el bocadillo del recreo a que no somos los únicos que maquillamos los datos del PIB...  

De hecho, por lo que he leído de críticas similares a las cifras de PIB de otros países, todos usamos los mismos coloretes.
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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
En respuesta a este mensaje publicado por Juan Carlos
Otra noticia que confirma que la UE es una unión de corporaciones y de bancos. Defienden sus intereses que son opuestos a la mayoría de la ciudadanía francesa. 

Empresas francesas preparan en silencio un plan para enfrentarse a un presidente 'antiestablishment'




Los negocios temen a los candidatos menos 'business friendly', Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, que han consolidado sus posiciones en vísperas de las elecciones presidenciales de este domingo.


Las empresas francesas están desarrollando discretamente un Plan B ante la posibilidad de que se imponga en las elecciones presidenciales un candidato 'antiestablishment', como lo son a priori Marine Le Pen, del Frente Nacional, o el candidato de Francia Insumisa Jean-Luc Mélenchon. Ambos han mejorado sus posiciones en las últimas encuestas. Y faltan tres días para la primera ronda de los comicios presidenciales.

Según ha recogido la agencia Bloomberg, representantes de varias empresas galas de gran tamaño están preparando un plan para afrontar la posible victoria de uno de estos candidatos. Temen que tanto el euro como los bonos estatales franceses se hundan. También están preocupados ante la posibilidad de que las nuevas administaciones aumenten a la vez el gasto público, las medidas proteccionistas y los impuestos, lo que afectaría a los precios de las acciones de las empresas.

Las firmas galas están preparándose de manera discreta, eveitando llamar la atención y provocar la repulsa de clientes y funcionarios estatales. Una de las medidas es asegurar sus líneas de crédito, entre otras formas de hallar financiación para sus operaciones a largo plazo. Es el caso de la empresa parisina Aramis Auto, dedicada a la comercialización de coches, afirma Bloomberg.

Otra posibilidad que contemplan es trasladar sus oficinas a otros países. Barajan, por ejemplo, capitales como Ámsterdam o Londres, como prevé hacer un grupo industrial uno de cuyos portavoces habló con Bloomberg en condición de anonimato. Con todo, estos traslados puede resultar bastante complicados para la mayoría de las empresas, no para ser realizados "en pocas semanas", explicó a la agencia Pierre de Lauzun, máximo responsable de la Asociación Francesa para los Mercados Financieros.

FUENTE

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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos

Salida del euro... en Francia




Por Jacques Sapir

Con la aparición de Jean-Luc Mélenchon entre los tres primeros lugares (en la primera vuelta de la elección presidencial francesa) la cuestión de una posible salida del euro empieza a preocupar a los mercados financieros. Crece la brecha de los diferenciales entre Francia y Alemania y aumenta la volatilidad de los mercados, sobre todo en torno a la deuda francesa.

Ahora hay dos candidatos  (Le Pen y Mélenchon) que ponderan una posible salida de la moneda única. Así que tenemos que ponernos a pensar que pasaría en los primeros días de la presidencia de algunos de estos candidatos.

Antes de resolver la salida del euro, ambos candidatos proponen un nuevo escenario político, un referéndum para la Marine Le Pen y negociaciones por medio del "plan A" en el caso de Jean-Luc Mélenchon. Estos escenarios son políticamente equilibrados. Respetan las convenciones de la democracia formal, pero ignoran realidades económicas y, sobre todo, no dan cuenta que los tiempos económicos y financieros son muy diferentes a los tiempos de la política.

Un imposible referéndum

Supongamos que Marine Le Pen  gana en la segunda vuelta o se encuentra en una buena posición tras la primera. Es incontestable que la especulación se desatará, aunque sólo sea para tratar de influir en el voto de los electores.

Concretamente aumentarían las tasas de interés y se produciría una fuga masiva de capitales. Sería imposible para Le Pen, suponiendo que resultara elegida, controlar una situación que colocaría a la economía de Francia en peligro.

Se conocen las soluciones: para evitar la fuga de capitales hay que implementar controles que impidan cualquier operación especulativa haciéndolas muy costosas, pero NO se deberán penalizar los movimientos de capital normales no especulativos (importación y exportación y turismo).

Frente al aumento de las tasas de interés, el Banco de Francia debería refinanciar, a una tasa preferencial, la deuda pública y una parte de la deuda privada. Estas dos posibles medidas (que obviamente no son las únicas ) requieren:

· Una ruptura, aunque sólo sea temporal, con los tratados y normas de la Unión Europea para controlar las fugas de capital.

· Una ruptura con las normas de la Unión Económica y Monetaria, la denominada "zona euro", para permitir que el Banco de Francia juegue su papel.

Cuando la presidencia del nuevo Gobierno haya decidido recuperar el control (aunque sea temporalmente) del Banco de Francia (que es parte del "sistema europeo") deberá suspender su dependencia del Banco Central Europeo o declarar que el "euro" que circula en Francia ya no forma parte de la "zona euro". Tendríamos entonces, por necesidad, que salir de la zona euro, salida que podría ocurrir muy rápidamente.

La alternativa es que Le Pen incumpliera  inmediatamente los compromisos anunciados en campaña y declarase que no tiene la menor intención de dejar la zona euro. Sin embargo para los mercados y para los accionistas europeos (sobre todo para Alemania) este tipo de garantías no son suficientes. Ellos quieren compromisos concretos y vinculantes.

Por lo tanto, en una hipotética primera semana de presidencia, Le Pen tendría que elegir entre retractarse en un punto crucial de su programa (lo que indudablemente la desprestigiaría) o actuar con la legitimidad de una presidenta electa, tomando las decisiones necesarias para salvaguardar los intereses franceses sin esperar al referéndum. A continuación tendría que echar mano de las medidas de emergencia establecidas en nuestra Constitución.  

Un ilusorio "plan A"

Supongamos ahora que es Mélenchon el elegido. Trataría de abrir una negociación (denominada plan "A"). Este plan tendría las mismas dificultades que el referéndum de Le Pen. Puede que algo disminuidas, pero esto en absoluto es algo seguro. Además debería obligatoriamente afrontar la financiación de las medidas sociales que quiere aplicar. Esto exigiría acciones unilaterales y soberanas (de financiación) por parte del Banco de Francia provocando de inmediato una reacción violenta del Banco Central Europeo. Esta reacción tomaría la forma de una ruptura entre Francia y la zona euro y el no reconocimiento del "euro francés".

Hoy es más pertinente que nunca recordar el chantaje que el BCE aplicó con éxito contra Grecia. El Banco Central Europeo produciría en Francia un “corralito” haciendo que el dinero fuera rápidamente insuficiente y colocando la economía en un punto muerto. Al Banco de Francia no le quedaría otra alternativa que convertirse en el único "prestamista de última instancia" para la economía francesa. Entonces, de hecho, estaríamos saliendo del euro.

En un momento económicamente tan complicado y volátil  llamar a una asamblea constituyente será imposible o suicida. Jean-Luc Mélenchon se enfrentaría a la siguiente disyuntiva: retroceder sabiendo que su destino será el de Tsipras (compartiendo su vergüenza) o por el contrario hacer frente a sus compromisos y comportarse como el legítimo presidente de la V República utilizando las prerrogativas del cargo y de la Constitución.

También, estaría enfrentado a otro dilema igualmente doloroso: abandonar la mayor parte de su programa y "entregarse" a Alemania y al Eurogrupo o aplicar el llamado "plan B". Sin embargo, para desgracia de sus promotores, dicho plan B produciría los mismos desastrosos efectos en la economía que explicamos en el caso de Le Pen.

Si queremos preservar los intereses del pueblo francés no hay dos maneras de salir del euro, hay sólo una. Todas las demás políticas conducirían al desastre.

El momento post-euro

La idea de "negociar" durante meses antes de tomar una decisión parece completamente utópica y descabellada. La decisión estará en las manos de la presidencia en los días siguientes a su elección. No habrá espacio para la "finura" que enunció el canciller Stresemann en 1920. Al revés, los líderes del Eurogrupo y los líderes alemanes exigirán una capitulación total de la presidencia francesa.

En las "negociaciones" de julio de 2015 con Grecia hubo voces (en el entorno de Le Pen y de Jean-Luc Mélenchon) que apoyaban la capitulación como un mal menor, evitando así una ruptura franca y clara con los socios europeos.

Estas voces, mutatis mutandis, son las mismas que soplaron en los oídos de Paul Reynaud en junio de 1940 aconsejándole que no combatiera, allanando de esta manera el camino a Pétain para la capitulación de Francia seguida de un armisticio vergonzoso.

Si esta rendición se llevase a cabo sería el final de la soberanía del pueblo francés traicionado una vez más por sus líderes. Más trágico sería en el caso de Jean-Luc Mélenchon que en el de Marine Le Pen. Una renuncia de Mélenchon (que inteligentemente ha dejado atrás a la "gauche liberal") significaría la destrucción de toda la izquierda en Francia.

La única alternativa sería una revolución violenta. Ahora, si la presidencia decide hacer frente a la Unión Europea, tendrá que hacerlo con el respaldo de los poderes de emergencia contenidos en la Constitución francesa. Recalcamos esto porque la Constitución tiene disposiciones presidencialistas que permiten tomar medidas de emergencia. Por eso sostenemos que querer cambiar la Constitución rápidamente sería contraproducente.

El choque que tendría lugar no significaría necesariamente que no hubiera negociaciones. Estas podrían realizarse más tarde. Pero para abrir un espacio de negociación es necesario que nuestros socios estén convencidos de que para Francia la salida del euro es un asunto irrevocable. Habrá que implementar un mecanismo que haga imposible el retorno al euro. La salida del euro debe ser un hecho.

Por otra parte esta claro que una vez que Francia decidiera salirse del euro Italia nos acompañaría, seguida rápidamente por España, Portugal y Grecia. Este podría ser “el escenario para la negociación de la disolución de la zona euro” y de los contornos de la Unión Europea incluso después de su disolución. En ese momento la cuestión de las alianzas sería primordial.

Los franceses y sus líderes tendrán entonces un claro panorama de la forma “de coordinación y cooperación” que quieren promover en Europa. Una cosa es hablar de la "Europa de las naciones" y otra cosa es imaginar las instituciones que conduzcan a su creación.

Atrapados en la campaña electoral, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon no han tenido tiempo de imaginar realmente lo que ocurrirá en unos hipotéticos primeros días de su mandato. Más que cualquier otra cosa el pueblo francés y sus dirigentes necesitan claridad en este punto.

Traducción: Emilio Pizocaro

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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos

Abandonar el euro puede ayudar a salvar Europa




Cédric Durand, investigador del Centro de Economía y profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales

No hay soberanía europea, sin un presupuesto real; y sin presupuesto no hay una política económica viable. Mientras Europa no salga de este dilema, la zona del euro permanecerá atrapado en un círculo vicioso de estancamiento, resentimiento y de conflictos de competencias. Si el federalismo fiscal está fuera del alcance de Europa, entonces es crucial poder ajustar los tipos de cambio para impulsar el crecimiento y el empleo liquidando la unión monetaria.

En general, dos dificultades se argumentan frente al abandono del euro. El primero se refiere a que en el corto plazo podrían haber efectos perturbadores en el comercio y en los precios. Sin embargo, hay pocas muy dudas, que las nuevas paridades podrían, rápidamente, eliminar los desequilibrios y estimular la actividad de los países que más han sufrido en los últimos años. Por otra parte, en el actual contexto de pre-deflación, los países que abandonen el euro podrán contener los efectos de una inflación importada.

La segunda objeción es una interpretación de carácter económica. El desmantelamiento del euro (o la salida de un solo país ) tendría consecuencias catastróficas en los balances de los agentes económicos.

En un reciente estudio ( “hojas de balance después de la UEM: una evaluación del riesgo de redenominación”, Documento de trabajo, OFCE, 2016 ) se examina esta cuestión en detalle y concluye tres lecciones sustanciales.

La primera es que la exposición de sectores económicos es mucho menor de lo que generalmente se cree. En primer lugar ;  la mayor parte de las empresas están respaldados por contratos del derecho nacional, por tanto los compromisos financieros se convertirán fácilmente a las nuevas monedas nacionales, sin afectar la solvencia de los agentes domésticos.

En segundo lugar, los riesgos asociados a una devaluación como consecuencia del aumento del valor de los bonos bajo legislación extranjera ( o contratada en moneda extranjera) pueden ser minimizados por el hecho que los activos extranjeros se tendrán que revalorizar. Ahora, no todos los agentes económicos están uniformemente tutelados por sus activos internacionales .

Por último, los pasivos no constituyen un problema. El elemento crucial es la deuda internacional y, en particular, la deuda a corto plazo que puede causar que determinados valores aumenten en caso de una devaluación.

Una vez que se toman en cuenta estos elementos, la segunda lección de este estudio es que solo hay unos pocos países y sectores económicos que sean realmente vulnerables, a saber;  la deuda pública griega y portuguesa, la deuda del sector financiero griego (que inevitablemente tendrá que ser reestructurada) que como es bien sabido tiene una sostenibilidad cuestionable.

En los otros casos , el riesgo de re-denominación de las monedas es una preocupación de aquellas países con economías cuyo sector financiero está muy desarrollado y altamente internacionalizado, fundamentalmente Luxemburgo, cuya posición externa representa más de 180 veces su producto interno bruto (PIB), así como Irlanda y los Países Bajos.

Por tanto, los sectores no financieros de la mayoría los países de la zona Euro tienen una baja exposición baja, lo que sugiere que una salida del euro o un desmantelamiento de la zona no tendrá consecuencias importantes en los balances de las empresas.

Tomemos como ejemplo el sector privado no financiero en Francia;  a finales de 2015, la deuda vulnerable a una re-denominación representaba el 33% del PIB (17% en el corto plazo), pero los activos internacionales representan el 74% del PIB. Suponiendo una devaluación del 11%, el peso de la deuda a corto plazo, esta aumentaría un 2% del PIB (3,7% de la deuda total), que es grande pero muy limitado. Sobre todo porque, al mismo tiempo, el valor de los activos internacionales expresado en términos de la moneda nacional (+ 8,6% del PIB), significará que, en última instancia, los agentes privados serían más ricos en moneda nacional en caso de una salida del euro (4,9% del PIB).

Lo que hay que temer son las turbulencias en el sector financiero. Será necesario una política monetaria que asegure la integridad del sistema de pagos, el establecimiento temporal de los controles de capital para contrarrestar la especulación y, los bancos públicos tendrán que facilitar el acceso al crédito para las empresas más directamente expuestas garantizando el acceso a las divisas para importaciones esenciales.

Haciendo efectivas estas precauciones los estudios han demostrado que por encima del “efecto riqueza”, después de una re-denominación seguida de una devaluación, estimulará la actividad económica.

Prima de cooperación

La tercera lección de este estudio es que las consecuencias sobre el balance de situación en los países que tendrán que devaluar verán que sus pasivos internacionales expresados en moneda local aumentarán- y  los países cuya nueva moneda se valorará respecto del “antiguo euro” tendrán que aceptar que sus activos internacionales expresado en la nueva moneda nacional perderán valor.

Este punto es muy importante porque obligará a establecer una prima de cooperación entre diferentes países: en el pasivo o en el activo, existirá el interés de ambas partes de cooperar para prevenir un sobre-ajuste de las divisas.

Para evitar las turbulencias financieras, las negociaciones deben centrarse también en la reestructuración de una deuda pública excesiva y en la reducción de sectores financieros hipertrofiados.

Por tanto hoy esta claro que en el frente económico, un desmantelamiento total o parcial del euro crearía una nueva estructura de incentivos conducentes a una verdadera cooperación en Europa.

Mientras que la arquitectura de la moneda única promueve políticas de competitividad que tienden a oponer a diferentes países y crea tendencias deflacionarias explosivas , su reformulación restauraría el poder de negociación de los países deudores y promovería un nuevo equilibrio a favor del desarrollo del sector productivo y del empleo.

 El análisis del ajuste de los balances confirma el diagnóstico de Joseph Stiglitz: abandonar el euro puede ayudar a salvar a Europa.

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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
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INMIGRACIÓN Y TERRORISMO EN EUROPA



Dos policías muertos y un herido grave en un tiroteo en los Campos Elíseos de París


Dos policías han muerto y uno ha sufrido heridas graves como consecuencia de un tiroteo registrado este jueves en los Campos Elíseos de París, ha informado el Ministerio del Interior francés. La Policía ha abatido a un sospechoso de los disparos. El Estado Islámico ha reivindicado el ataque, según un mensaje difundido por su agencia de noticias afín, Amaq. El texto, recogido por el portal de seguimiento de información yihadista SITE, identifica al terrorista como Abu Yusuf al Beljiki.

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¿Puede sobrevivir la Unión Europea?


Por Ricardo Galarza

La incertidumbre parece ser hoy la única certeza que está planteada para el futuro de la Unión Europea y su destino común

Una incertidumbre existencial y colectiva recorre por estos días las autopistas y vías férreas de la vieja Europa. El futuro del proyecto europeo –que el pasado 25 de marzo celebró en Roma, con una reunión de los 27 líderes de los países miembros del bloque, los 60 años de su creación– es hoy una gran incógnita. La Unión Europea (UE) se ve amenazada en múltiples frentes.

Los sueños del destino común y la unión en la diversidad que, de los escombros de la segunda guerra mundial y con Beethoven de fondo musical, construyeron el proceso de integración más profundo y ambicioso de la humanidad, se despabilan hoy ante la posibilidad de hacerse añicos.

Por ejemplo, a medida que se acercan los comicios en Francia, crecen las voces de alerta desde el establishment, desde los sets de televisión y desde las páginas de opinión en todo el viejo continente que un eventual triunfo allí de la nacionalista Marine Le Pen significaría "el fin de la Unión Europea".

En efecto, Le Pen es una ferviente defensora del frexit a la usanza del brexit británico, victorioso en el Reino Unido tras una fuerte campaña de rechazo a la Unión Europea. Y con la importancia capital que Francia siempre ha tenido dentro del proyecto europeo desde sus inicios, su salida dejaría a la gran federación herida de muerte.

En crisis


Pero la UE está en crisis desde hace tiempo. Una crisis que se ha ido pronunciando aceleradamente en los últimos cinco años y que, desde 2014 a la fecha, ha entrado en una vertiginosa espiral descendente con término desconocido.

Le Pen y las demás figuras y expresiones nacionalistas y xenófobas que proliferan en toda Europa, así como el brexit, son la consecuencia de esa crisis; no la causa. Las explicaciones habría que buscarlas en otra parte; y todas ellas son a su vez causas entre sí, o se retroalimentan unas a otras.
 
La más inmediata al actual estado de cosas, vale decir, al advenimiento de todos estos movimientos y expresiones eurofóbicas, es simplemente que la propia UE ha caído en un severo desprestigio en varios de sus países miembros.

Muchos votantes europeos quieren que su país salga del bloque. De hecho entre los candidatos presidenciales franceses, Le Pen no es la única que propone un frexit.

Y en el primer debate que celebraron el pasado martes 4 por la noche, de cara a la primera vuelta del 23 de abril, de los 11 aspirantes al Elíseo, solo dos defendieron abiertamente la permanencia de Francia en el proyecto europeo.

Es cierto que uno de ellos fue el liberal Emmanuel Macron, quien junto con Le Pen encabeza las encuestas. Pero aun así, que de más de una decena de candidatos solo dos hagan cuestión de la importancia de permanecer en la UE, habla de un electorado profundamente desencantado con Bruselas. Y obviamente no es el único.

La crisis de los refugiados


¿Qué ha ocurrido entonces? ¿Cómo es posible que el sueño de la unión se haya resquebrajado de esa manera, y que su rechazo sea algo tan extendido en toda Europa? Porque si bien es cierto que en Austria y en Holanda los eurofóbicos sufrieron una derrota en las urnas, estuvieron muy cerca. Y eso, unido al brexit, no pueden ser buenas noticias para el futuro común de esas naciones.

En primer lugar, la apuesta por la moneda única, en vísperas del nuevo milenio, maniató las políticas monetarias de los países más débiles del bloque a la hora de hacerle frente a una crisis como la que los golpeó en 2008.

La adopción del euro terminó arrojando a los países de la periferia europea en una debacle de endeudamiento de la que aun no se recuperan.

Si bien España y Portugal pudieron medianamente asomar la cabeza, Grecia se vino abajo, y en 2015 estuvo a punto de abandonar la eurozona.

Finalmente fue rescatada a la hora undécima, pero sigue siendo insolvente; y, sobre todo, la angustia que se vivió en Europa durante los días de su crisis y el hecho de que el grexit se planteara de manera tan abierta echaron por tierra la idea de irreversibilidad de la UE y su compacta solidez.

Luego, casi sin respiro, sobrevino la crisis de los refugiados. Multitudes de sirios, iraquíes, libios y afganos, huyendo de la guerra y la miseria que provocaron las intervenciones de Estados Unidos en sus países, desbordaron las fronteras de una Europa rica que se convirtió rápidamente en un imán para inmigrantes.

Y para cerrar la cadena de calamidades, los atentados en suelo europeo a manos del extremismo islámico: primero fue París, que rompió el espinazo de la confianza en las fronteras europeas y mandó escalofríos por todo el continente.

Luego, nada menos que Bruselas, la capital de Europa, donde se asientan las instituciones de la UE, y de donde además provenían varios de los terroristas que habían perpetrado los atentados de París. Más tarde seguirían Niza y Berlín. Pero para entonces el sentimiento antiinmigrante ya había hecho carne entre amplios sectores de la población europea.

Varios de los terroristas habían viajado por toda Europa amparados en la política de fronteras abiertas del llamado espacio Schengen; muchos de ellos, incluso, eran inmigrantes musulmanes de segunda generación y algunos, hasta ciudadanos europeos.

Esto resultó en caldo de cultivo para algunos sentimientos que durante décadas habían dormido el sueño de los justos en Europa: la xenofobia, el nacionalismo, la islamofobia y la desconfianza en el proyecto europeo.

A todo ello se suma (y además, en ello abreva) el sentimiento de rechazo al establishment; es decir, a las elites europeas por las que amplios sectores de la población se sienten dejados de lado y que además guardan estrechos lazos con la burocracia de Bruselas.

Rebelión populista


El cóctel estaba así servido para lo que se dio en llamar "la rebelión populista", el advenimiento de todos estos candidatos y movimientos eurofóbicos y antiinmigración de los que Marine Le Pen es su cara francesa más visible.

Desde luego que la líder del Frente Nacional tiene buenas posibilidades de llegar al Elíseo. De hecho, todos los días sube en las encuestas y es la única candidata que hoy por hoy parece tener asegurado el pasaje al balotaje del 7 de mayo. Pero sería solo el corolario de una debacle anunciada para Bruselas.

En materia geopolítica todo lo que se podía haber hecho mal, se hizo mal. Y se sigue haciendo mal. De no haber participado los europeos de la intervención en Libia y de haberse opuesto a las políticas de EEUU en Siria (como antes lo hicieron en la invasión a Irak), la sangría humanitaria de esos dos países hubiera sido considerablemente menor.

Libia seguiría siendo el formidable tapón que siempre fue para la inmigración de todas partes de África, y los propios libios tampoco estarían escapando del caos. Por lo demás, sin conflicto en Siria, el Estado Islámico no habría crecido de la manera en que lo hizo; y aun de haberlo hecho, no habría mandado sus soldados a golpear en suelo europeo.

Apoyo a políticas


Pero Europa continúa apoyando las políticas de EEUU en Medio Oriente, y aun cuando Le Pen no ganara en Francia, el futuro del proyecto europeo seguirá estando comprometido.

No se sabe aún cuál será en ese sentido la política exterior de Donald Trump.

Hasta ahora no había podido torcerle el brazo al establishment de Washington que mayormente condujo la geopolítica de la administración Obama. A priori, no parece sencillo que el extravagante magnate devenido en presidente pueda hacerlo. (No lo puede hacer el viejo magnate)

Y aun cuando lo lograra, no está muy claro en qué podría consistir una improbable "doctrina Trump" de política exterior.

Y así, la potencia que en buena medida salvó a Europa en la segunda guerra mundial y luego dio un apoyo vital para su reconstrucción y la viabilidad del proyecto europeo, hoy podría arrastrarlo a su desintegración. La incertidumbre parece hoy la única certeza para el futuro de la Unión Europea y su destino común.

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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Kanbei
La UE tiene los días contados.

 "Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla" Tsun Zu
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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
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Kanbei, has puesto un dibujo muy original y descriptivo de lo que hoy sucede en la UE.

Francia puede ser el país que rompa la baraja y fuerce un cambio en esta Europa neoliberal en que se ha convertido de la mano de una Merkel y una Alemania muy cómodas en una UE hecha a la medida de los intereses económicos y políticos alemanes.

Mi desencanto con Europa viene desde la crisis griega y lo mal que la Troika se portó con el entonces gobierno heleno. La actitud de Wolfgang Schäuble con Tsipras fue deleznable, practicamente le obligó a bajarse los pantalones. En ese momento me dí cuenta que Alemania era y es el señor feudal de Europa. No es un club, es una prisión donde una vez dentro no puedes salir sin pagar un alto precio si es que se puede salir o humillarse como Tsipras para seguir recibiendo las ayudas envenenadas de Bruselas.

Las políticas de austeridad vienen dictadas desde Alemania y han creado el falso prejuicio de que los países del sur son vagos y manirrotos y por ese motivo los estados tienen que devolver las onerosas deudas con intereses leoninos a la banca privada. El BCE solamente presta a la banca privada con interes muy bajos y éstos prestan a los estados con una tasa de interés superior. Ya no existe una banca pública que pueda financiar los deficit de los estados.

Jean Claude Juncker dice cinicamente “No cabe elección democrática en contra de los tratados europeos”. Es decir, que lo tratados europeos firmados a puerta cerrada por instituciones no elegidas por los pueblos europeos anulan las legislaciones nacionales, es decir, estan por encima de los poderes de los estados para imponer políticas neoliberales que favorecen solamente a la banca y a las grandes corporaciones.

Kanbei, ¿dónde está la Europa de los pueblos y la solidaridad? No existe, no la aprecio por ningún lado. En España se ha realizado una política de enseñanza superior que esta beneficiando plenamente a Alemania. Cada año las universidades terminan de formar ingenieros, doctores, licenciados que no tienen oportunidad de laborar en España porque estan sobrecualificados para un país desindustrializado a causa de las exigencias de la misma UE. La solución de este tesoro humano español es el norte de Europa, única zona donde si pueden encontrar trabajo de acuerdo a su nivel de preparación.

En cuanto a la crisis de los refugiados y el terrorismo dentro del UE pienso que se ha gestionado muy mal. Es una vergüenza ver junto a las playas españolas griegas o italianas gente ahogada, sin atención, sin ayuda. El problema se ha desbordado precisamente porque los jerifaltes de la UE en complicidad con el gobierno estadounidense han organizado guerras en el norte de África y en el Medio Oriente, luego llegan miles de refugiados huyendo de la guerra y de la miseria y se les trata de forma inhumana. Esta no es la Europa que los españoles ni los europeos pensabamos en los años 80 y 90 del siglo pasado. Una Europa sin corazón y sin alma, una UE de banqueros y mangantes.

Los jerifaltes corruptos de la UE no son los directamente afectados, son los causantes del desastre con sus equivocadas políticas pero en absoluto toman responsabilidad, la UE es una institución antidemocrática con legitimidad secundaria, no tiene porque dar explicaciones de sus meteduras de pata. Las naciones europeas van perdiendo su identidad y son incapaces de representar la voluntad de los electores frente a estas estructuras de gobernanza mundiales.

El terrorismo golpea las naciones europeas de forma pertinaz. Yo viví casi en primera persona los atentados terroristas de Atocha en marzo del 2004, uno de los ataques yihadistas más sangrientos en Europa. Desde ese momento perdí la ilusión por una Europa ausente, nunca hubo un sentimiento colectivo europeo contra el terrorismo. Cada país aguantaba su palo. Hasta que Gran Bretaña, Alemania o Francia no probaron en sus propias carnes el flagelo del terrorismo yihadista fueron incapaces de sentir el dolor y la consternación de la nación española. La UE no existe como pueblo, es un ente burocrático y mercantilista, a mi no me representa y se puede ir a tomar por donde la espalda pierde su casto nombre.

La integración de los musulmanes en Europa se torna cada vez más difícil con el yihadismo radical, con el mensaje de odio desde las mezquitas y también desde un comprensible resentimiento del islamismo a una Europa que organiza y financia guerras en sus países. Los refugiados también son víctimas del terrorismo, algo que la Europa de los burro-cratas de Bruselas no han querido ni han sabido gestionar. La política migratoria ha tenido lagunas imperdonables como el campo de refugiados de Calais y el efecto llamada que ha inundado Europa de refugiados de guerra y económicos en busca de un continente que sin duda ofrece más oportunidades a los desheredados de la Tierra.

La UE sin quererlo ha generado algo que los movimientos de izquierda europea querían evitar a toda costa, el renacimiento de la ultraderecha y la xenofobia. La ingenuidad de la izquierda ha sido colosal, vive en la ilusión de una Europa que no ha cuajado como proyecto de solidaridad. La derecha nacional vive en la realidad y sube como la espuma para reivindicar las instituciones nacionales perdidas, para recuperar la legitimidad democrática primaria de los ciudadanos.

Pienso que Europa no se puede construir de espaldas a sus ciudadanos y la primera medida para que los pueblos europeos se vuelvan a empoderar de su destino es recuperando las instiuciones nacionales, empezando por la política monetaria. Europa debería construirse desde las naciones y no desde un organismo intergubernamental con estructuras irreformables, con una superestructura europea en donde no caben elecciones democráticas contra los sacrosantos tratados europeos. Es decir los tratados estan por encima de las legislaciones de las naciones europeas que conforman la UE o mejor dicho la DE. (dictadura europea)

Un cordial saludo

 
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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
En respuesta a este mensaje publicado por Juan Carlos
LA CRISIS DE FRANCIA ES LA CRISIS DE EUROPA

Le Pen contra la globalización




La estrategia de la candidata del Frente Nacional para llegar al Elíseo pasa por convertir la segunda vuelta electoral en una pugna entre perdedores y vencedores de la mundialización, en la que su adversario es el representante de la oligarquía

“La elección presidencial es el encuentro entre un hombre y el pueblo”, afirmó el general Charles de Gaulle, impulsor y arquitecto del edificio institucional vigente hoy en Francia, la denominada V República. La segunda vuelta es el momento plebiscitario por excelencia: aquel en el que se da a elegir a un cuerpo electoral entre dos figuras, dos caracteres, dos personalidades, dos maneras de ser y estar en el mundo. Dos representaciones del país, dos idiosincrasias, en suma. Quienes diseñaron los procedimientos, ritmos y mecanismos institucionales de la V República buscaron en el fondo de armario de la cultura política francesa una forma de legitimación directa de la cabeza del Estado y la encontraron en la herencia napoleónica. Un jefe que consigue el consentimiento del pueblo, un individuo que representa a la comunidad entera, un uno que hace las veces del todo, una, como dicen en Francia, “monarquía presidencial”.

Los franceses refrendaron este modelo en 1959 por miedo a la inestabilidad que provocaba lo que De Gaulle llamaba “el régimen de partidos”. Se trataba de evitar que Francia se convirtiera en Italia; es decir, huir a toda costa de los gobiernos débiles, breves y formados por coaliciones de múltiples partidos enfrentados entre sí; pero, sobre todo, la meta era emancipar la figura del jefe del Estado de la “tiranía del Parlamento”. La República francesa otorga así un gran poder al presidente para que sea él quien amarre a la Asamblea Nacional, y no al revés. El objetivo es elegir a un “presidente-monarca” que esté por encima de o más allá de los intereses de grupos, facciones, corporaciones privadas o partidos políticos.

Esta particularidad del sistema político francés de la V República explica los movimientos algo confusos, desde una óptica española, que esta semana ha protagonizado la candidata del Frente Nacional. En una entrevista emitida en France 2 el día después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Marine Le Pen anunció que abandonaba temporalmente el liderazgo de su partido con el fin de poder presentarse ante los franceses sin ataduras, como la candidata del consenso y de “la unión de todos los franceses en torno a un proyecto de esperanza, de prosperidad y de seguridad”. De este modo, dijo, “estaré por encima de las consideraciones partidistas”. Hace tiempo que a Marine Le Pen le sobran las siglas de su formación política. Durante tres años ha coqueteado con la idea de cambiar el nombre del partido sin atreverse finalmente a hacerlo. Pero desde el lunes 24 de abril puede al fin actuar simbólicamente fuera de la estructura que engendró su padre. Y se la percibe cómoda en el papel.

Con este movimiento, la candidata de la rosa azul desea competir con su rival Emmanuel Macron en lo que este tiene de candidato transpartido, mitad François Hollande, mitad Alain Juppé; y por eso mismo mejor capacitado para representar a la generalidad de los franceses. Si Emmanuel Macron aspira a ocupar el centro político que antes representaba François Bayrou, Le Pen se erige en la candidata de la centralidad recusando las etiquetas tradicionales y enviando a su rival al territorio simbólico de la élite y la anti-Francia. Como antes hizo Donald Trump con Hillary Clinton, Marine Le Pen presenta a su rival Macron como un hombre que no conoce a su pueblo; aún más, como un hombre al que su pueblo no quiere.

Esta es la imagen que la candidata nacionalista quiso crear en la mañana del 26 de abril al visitar por sorpresa una fábrica en la ciudad de Amiens que la multinacional Whirlpool amenaza con trasladar a Polonia el próximo año, mientras que su rival se encontraba en la Cámara de Comercio de la misma ciudad. Los trabajadores de la planta ofrecieron un caluroso recibimiento a la candidata ultraderechista, que se hizo fotos con los operarios, escuchó sus reivindicaciones y se proclamó ante las cámaras como “la candidata de los obreros, los trabajadores, los asalariados y la mayoría social de franceses”.

Dos horas más tarde, Macron visitaba el mismo lugar entre silbidos y protestas. El candidato de En Marche quiso tomar la palabra y agarró un megáfono, pero los silbidos, gritos y abucheos de los allí reunidos, entre los que se encontraba François Ruffin, autor del famoso documental Merci patron! y próximo a la candidatura de Jean-Luc Mélenchon, se lo impedía. Los trabajadores y representantes sindicales le increpaban exhortándole a prohibir las deslocalizaciones y proteger el empleo local. Tras mucho batallar, Macron pudo manifestar su opinión: “No, yo no prohibiré a las empresas cerrar sus sedes si así lo deciden libremente; pero trataré de presionar para que no sea así”.

El contraste de imágenes fue tremendo: aplausos frente a silbidos, abrazos frente a empujones, selfies y fotos de grupo frente a gritos, abucheos e insultos. Dos representaciones teatrales opuestas. Y todo en el mismo escenario y en un intervalo temporal de sólo dos horas. Marine Le Pen dió el golpe de efecto que su campaña necesitaba para despegar.

David contra Goliat

El instituto demoscópico Ipsos estima que la diferencia entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen en la segunda vuelta será de 24 puntos. Según este sondeo, el candidato de En Marcha lograría captar el 62% de los votos mientras que la candidata del Frente Nacional obtendría el 38%. Una diferencia notable que confirma a Macron como claro favorito para convertirse en el próximo presidente de la República. Las opciones de la candidata ultranacionalista parecen ser escasas y en su equipo de campaña son conscientes de ello.

Por eso la estrategia de Marine Le Pen para los próximos días es un “todo o nada”, una maniobra a la desesperada. Consiste básicamente en recuperar las coordenadas políticas y el espíritu de protesta que en mayo de 2005 llevaron a la mayoría de los franceses a rechazar en referéndum la propuesta de Tratado de Constitución europea. En aquella ocasión, los partidarios del No --entre los que se encontraba el Frente Nacional, pero también la izquierda alternativa-- lograron imponerse a los partidarios del Sí --que reunía a socialistas y conservadores--. Ahora Marine Le Pen se esfuerza por instalar ese marco cognitivo. Su única opción de ganar es “convencer a los franceses de que la segunda vuelta no es un voto por o contra el Frente Nacional, sino un referéndum a favor o en contra de la globalización”, resume en un artículo de su blog Alain de Benoîst, uno de los intelectuales más influyentes de la extrema derecha. Para el FN es clave que la segunda vuelta se plantee en términos de una pugna entre “vencedores y perdedores de la mundialización”.

No debe extrañarnos entonces que Marine Le Pen oponga en sus intervenciones públicas la protección al desamparo y el patriotismo económico a la desregulación. Todo el lenguaje que usa estos días el Frente Nacional busca instalar la idea de que el proyecto de Emmanuel Macron representa la radicalidad de los de arriba y una suerte de particularismo que traerá división y fractura. Las expresiones más empleadas por los portavoces del FN insisten en una hiperbólica falta de mesura de su contrincante: ultraliberalismo, brutalidad social, globalización salvaje, inmigración masiva, inseguridad total. A ellas hay que añadir una nueva palabra hasta ahora no utilizada por el equipo de comunicación de Le Pen y que desde la misma noche electoral de la primera vuelta, la candidata ultraderechista emplea con frecuencia: oligarquía, santo y seña de la campaña de Jean-Luc Mélenchon. El sondeo de Ipsos indica que alrededor de un 15% de los electores de La France Insoumise se decantará por Marine Le Pen en la segunda vuelta, un 50% votará por Macron y un 35% se abstendrá. Le Pen sabe que no es suficiente. Tiene que ser capaz de apelar a toda esa Francia a la que no le va bien, impregnarla del sentimiento de revancha contra los privilegiados, de la imagen de David contra Goliat. “Somos lo pequeño contra lo grande, David contra Goliat. Con nuestro patriotismo venceremos al abandono, a la sumisión y a la capitulación”, dijo Marine Le Pen en un mitin en Niza este jueves 27 de abril.

Los análisis poselectorales de la geografía del voto muestran un país dividido en dos grandes áreas: un oeste y suroeste favorable mayoritariamente a Emmanuel Macron y un este y noreste partidario de Marine Le Pen, con las excepciones de las regiones metropolitanas de París y Lyon. La línea imaginaria que divide el país Le Pen del país Macron es la que atraviesa Francia desde el puerto de Le Havre hasta la ciudad de Montpellier, con importantes incursiones electorales de la ultraderecha en el entorno de Perpignan, Narbonne y Béziers, así como a lo largo de todo el río Garona. La Francia de Le Pen es la que hace 30 años era rica y próspera, y hoy concentra los principales índices de desempleo, envejecimiento y pérdida de población, la Francia que tiene la sensación de haber caído desde lo alto. La Francia de Macron coincide con la que votó a François Hollande en 2012.



La principal novedad reside en la implantación del FN en zonas rurales con un discurso muy centrado en la denuncia de la pérdida de población y en la defensa de los servicios públicos locales (centros sanitarios, oficinas de Correos, centros educativos, polideportivos, etc). La idea que vehicula Marine Le Pen es que “el Estado ha desaparecido de estos territorios”, y su propuesta, “un Estado que lo pueda todo”, es decir, un Estado-paraguas. La fuerza de este mensaje está relacionada con agrupar varias periferias (cultural, económica, territorial) en torno a una propuesta de orden y protección.

En paralelo a esta lepenización de las periferias, el Frente Nacional trata de ganar espacio en el centro convirtiéndose en una oficina de empleo para jóvenes con ambiciones. Ofrece una carrera política fácil para los estudiantes de las escuelas más prestigiosas del país: la Escuela Normal de la Administración (ENA), el Instituto de Estudios Políticos de París (IEP), la Escuela Normal Superior (ENS), o la Escuela Politécnica de París (EPP). La ultraderecha necesita ganar la legitimidad que le prestan los cuadros salidos de estos centros de élite. Por eso los promocionan sin recato y les guardan un sitio en las primeras filas de los actos y conferencias que celebra el partido. Ahí suelen sentarse Gaetan Dussansaye y Julien Rochedy, futuras promesas del partido que ya se entrenan en tertulias y programas de televisión.

El Frente Nacional lo tiene muy difícil para colocar a su candidata como próxima presidenta de la República. No obstante, ha progresado notablemente en número de votos respecto del año 2002: 5,5 millones de votos en aquella ocasión frente a 7,7 millones de votos el pasado domingo. Para tener alguna posibilidad debería acercarse a los 13 millones. Se estima una tarea complicada. Daniel de la Fuente y Marina Fernández resumieron en la cadena Ser la jornada electoral del 23 de abril con la canción La danse de la décadance. Dieron en el clavo. Lo que ocurra el 7 de mayo dependerá de si la melodía de la decadencia que Marine Le Pen entona en la Francia rural y post-industrial para conquistar a “los olvidados” se convierte en el hit de esta primavera.

Por Guillermo Fernández

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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
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LA ETAPA DEL EURO




Consolidada el Acta Única (1986) y la libertad de movimiento de los capitales que ella introdujo (1990), el siguiente objetivo, de la que desde entonces se pasó a denominar la Unión Europea (UE) en 1993, fue el establecimiento no tan solo de una mayor integración económica sino también monetaria, lo que llevaría a la creación de la eurozona con los sistemas monetarios de un grupo de países europeos que dejaron de ser independientes y la instauración del Euro como moneda única en 1999. La entrada de la moneda única estaba diseñada para integrar monetariamente los países más ricos de la UE.

El camino hacia la mayor integración económica y monetaria fue pautado en el Tratado de Maastricht (1992). Este tratado puso de manifiesto la voluntad de avanzar en el proceso de integración económica estableciendo los estrictos criterios de convergencia que deberían cumplir los países que integraran la zona euro. Además, la pertenencia a la moneda única suponía para los países miembros prescindir de los principales instrumentos de política económica: la política monetaria quedaba en manos del Banco Central Europeo (BCE), la política fiscal se supeditaba al cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y la política cambiaria desaparecía al eliminar las monedas de los estados.

El fracaso del Sistema Monetario Europeo (SME) y la debilidad patente del sistema de producción español, no hizo desfallecer a la clase política, la élite económica y la mayor parte de la academia, en el empeño de convertir al Estado español en uno de los países que se incorporarían al euro en una primera fase, de formar parte del primer grupo de la eurozona. La población, ahora con menos percepción de lo que euro suponía, fue arrastrada por una insistente publicidad a aceptarlo. Se logró que pertenecer a la moneda única y adoptar el euro se convirtiera en un objetivo prioritario, aceptando los sacrificios o las concesiones que tuvieran que hacerse. Tal como ocurrió con el proceso de adhesión, la pertenencia a la zona euro prácticamente no se cuestionó ni desde el ámbito político ni desde la ciudadanía, que ahora fue inducida a ver en el euro un paso ineludible para poder alcanzar el tan deseado “estilo de vida europeo”.

En esta etapa se acentuó el proceso de desindustrialización que se había iniciado con la integración y se exacerbaron los desequilibrios económicos.

El deterioro de la competitividad del modelo productivo español se ha debido a varios factores. Por una parte, en las décadas de los setenta y ochenta, los países del sureste asiático comenzaron a suponer una competencia significativa para algunos productos manufacturados europeos; más adelante, los procesos políticos y económicos de globalización han supuesto la consolidación de países como China, la India y el resto del sureste asiático como el centro manufacturero global, mucho más competitivos en la gran mayoría de sectores manufactureros que la industria europea. Este proceso se ha visto reforzado por un gran número de relocalizaciones e inversiones industriales por parte del capital europeo (y norte-americano).

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la integración económica en la UE asocia países y empresas con sistemas productivos y niveles de competitividad muy variados. La caída del muro de Berlín en 1989 y la reintegración de los países del Este de Europa en el capitalismo produjeron cambios importantes en la configuración de estas relaciones productivas y comerciales entre los diversos ámbitos de la UE. Las ventajas anteriores de los países de la periferia de bajos costes laborales, permisividad legal, tecnología de segundo orden, y productos de bajo valor añadido, perdieron ventaja competitiva frente a los países del Este, a donde fueron dirigidos importantes flujos de inversión y recolocación industrial.

Esta evolución tuvo como claros perdedores a los países periféricos integrados en la eurozona. La economía española, como Portugal e Italia perdieron peso en las ventajas relativas para el comercio y en la atracción de las inversiones extranjeras directas, especialmente respecto a Asia y el Este de Europa. La competencia no sólo se centraba en los sectores más tradicionales, sino también en sectores de tecnología intermedia en los que el Estado español estaba bien posicionado (como el automóvil). Este es un factor clave en el proceso de desindustrialización y degradación de las cuentas externas del Estado español.

Mientras la especialización productiva basada en productos de bajo valor añadido se encontraba con crecientes dificultades en los países de la periferia Sur, los países centrales de la UE, como Alemania, los Países Bajos y los países nórdicos, experimentaban un proceso inverso: su especialización industrial en altas tecnologías, su privilegiada situación en el espacio europeo, y su política económica de austeridad les conducía a ser altamente competitivos.

Siendo, sin embargo, los países periféricos los que han proporcionado la demanda que necesitaban y han beneficiado a las economías altamente productivas de los países centrales. El efecto de la demanda de países como el Estado español en las exportaciones de Alemania no puede ignorarse. La demanda creciente de los países periféricos (Estado español, Grecia, Portugal) estimulada a base de crédito ha supuesto una importante salida para las producciones de los países centrales. En resumen, la función de la periferia Sur de la UE en el sistema productivo europeo se ha invertido. Si hasta mediados de los años noventa, estos países eran proveedores de bienes intensivos en mano de obra (barata) y bajo valor añadido, es decir una industria precaria, con la integración económica y monetaria se han convertido en la fuente de una abundante demanda para las industrias de los países centrales de la UE, que, mucho más competitivos, han llegado a suponer una fuerte competencia para las industrias de los propios países periféricos.

¿Cómo se podía financiar esta demanda? La pertenencia al euro permitía ser mucho más permisivos respecto al déficit exterior, por un lado, y, por el otro, porque los países centrales, que disfrutaban de fuertes excedentes en sus cuentas exteriores, prestaban dinero a los importadores de los países periféricos y a sus instituciones financieras para que comprasen sus productos y concediesen préstamos al sector inmobiliario; cerrando así un círculo de producción y finanzas aparentemente casi perfecto.

El resultado de estas distintas dinámicas en la UE ha sido un desequilibrio comercial y una creciente divergencia en competitividad entre el centro y la periferia. Aunque es cierto que antes de la crisis, en la primera década del siglo XXI, los niveles de renta per cápita habían iniciado una ligera aproximación entre los países de la eurozona, sin embargo, las diferencias en competitividad y en los sistemas productivos habían aumentado, resultando en profundos desequilibrios en la eurozona.

Una característica de las economías de la eurozona en la actualidad es la confluencia de países con continuos déficits en las cuentas comerciales externas, geográficamente situadas en la periferia, con excedentes en los países centrales, especialmente en Alemania. Los déficits de unos países están relacionados con los excedentes de otros, como puede observarse en los gráficos 4 y 5, situación que ha resultado en divergencias estructurales entre ambos grupos de países.

Déficits/excedentes en las cuentas corrientes externas 2000-2013 (% PIB)



Déficits/superávits comerciales externas 2000-2013 (% PIB)



En estos gráficos puede observarse que los déficits se consolidaron y aumentaron fuertemente con la Unión Monetaria y las facilidades que ésta proporcionó en las demandas periféricas. Y como las etapas de aumento de los superávits comerciales de Alemania y Holanda coinciden con etapas de crecimiento de los déficits comerciales de la periferia europea.

La diferencia con las crisis anteriores es que en ésta fallaron “los frenos” y que no ha habido “cuidados paliativos” suficientes (las políticas) para la “accidentada” economía española. En las crisis anteriores, los déficits comerciales elevados no podían mantenerse de manera permanente porque aparecían problemas para financiarlos y podía ser necesaria la devaluación. Al eliminarse la posibilidad de devaluación con el euro, los déficits pudieron sufragarse con entradas de capital extranjero. Pero estas entradas de capital ya no eran en forma de capital productivo (IED) dado el poco atractivo que ofrecía el modelo productivo español y particularmente los sectores industriales, sino en forma de capital especulativo (Inversión en cartera) y créditos (que se dirigían un sector financiero español “eufórico” frente al dinamismo de la construcción y del mercado hipotecario). Por tanto, los desequilibrios de la economía española pudieron acrecentarse hasta límites desconocidos.

Al mismo tiempo, el escaso dinamismo industrial desplazó un capital ávido de beneficios hacía la construcción donde los beneficios eran cuantiosos con el consiguiente desarrollo de la burbuja inmobiliaria. Por otra parte, la especulación financiera vinculada al proceso de financiarización característico del capitalismo actual también jugará su papel en el desarrollo de la crisis en el Estado español.

El estallido de la crisis aceleró de forma dramática el proceso de destrucción de tejido industrial y socavó la remota posibilidad de transformación de modelo. En la crisis, las tradicionales políticas para reactivar la economía ya no eran posibles con la pertenencia a la zona euro. La UE impuso el criterio de la austeridad y la consiguiente imposibilidad de instrumentar políticas fiscales expansivas. La política de tipos de interés bajos del BCE fue menos ambiciosa que la de la Reserva Federal y claramente inoperante para restablecer el crédito a las empresas y familias. Finalmente, la devaluación que había sido la palanca utilizada para reactivar la economía en todas las crisis anteriores ahora no era posible. Ante la imposibilidad de la devaluación externa, el resultado está siendo una devaluación interna (reducción de salarios y aumento del desempleo) y una caída de la producción industrial inaudita en crisis anteriores.

La producción industrial en el Estado español, tomando como nivel de referencia el que tenía antes del estallido de la crisis, ha caído a niveles aterradores. El Índice de Producción Industrial (IPI) sin energía ha pasado de 106,2 (Base2005=100) en 2007 a 74,6 en el primer trimestre del 2013. Para encontrar un nivel similar, nos tenemos que remontar al primer semestre de 1994, cuando el IPI (Base2005=100) era de 76.9, ¡19 años!. Ello significa una caída de casi 32 puntos en poco más de cinco años. Las producciones de bienes de consumo duradero y de bienes intermedios son los que presentan unas mayores caídas. Estos datos parecen indicar que en el Estado español prácticamente nos hemos quedado sin producción de línea blanca y de electrodomésticos (bienes de consumo duraderos) y que la industria está prácticamente parada, pues la producción de bienes intermedios se ha reducido prácticamente a la mitad. Sin duda el debilitamiento de los ingresos de la población que supone la crisis explica buena parte de esta caída en la producción de bienes de consumo. Por otra parte, los sectores más tecnológicos, que ya venían reduciendo su participación en el Valor Añadido Bruto (VAB) industrial desde la entrada en el euro, también se han visto golpeados por la situación de crisis.

Esta caída de la producción, se traduce en una infrautilización de la capacidad instalada que, con el desuso y la obsolescencia, se acaba traduciendo en una fuerte destrucción de tejido productivo industrial. Ya hay datos que lo indican. Si se mide cuánto significaba el valor añadido de la producción industrial en el PIB antes de la crisis y se compara con la situación actual, se observa que el porcentaje del VAB industrial sobre el PIB ha disminuido casi un 15%. A modo de comparación, piénsese que entre 1989 y 1993, un periodo de un lustro como el que ahora estamos comentando para el Estado español, la caída del peso del sector industrial en el PIB en los Países de Este en los años posteriores al colapso de la URSS fue similar.

Índice de producción industrial 1986-2013 (Base 2005=100)



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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Kanbei
Un gran artículo JC.

https://www.invertia.com/es/-/-en-que-paises-europeos-tiene-mas-peso-el-sector-industrial-en-la-economia-?inheritRedirect=true&redirect=%2Fes%2Fmercados

España se consolida como una país de servicios, el 75% del PIB.
Una provincia para relax de las huestes nórdicas.
Playa, drogas y fútbol, el paraíso.

Como en la Emerita Augusta de la antigua Roma.
Esto es un guiño a Darío.
 "Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla" Tsun Zu
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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Juan Carlos
En respuesta a este mensaje publicado por Juan Carlos

JOSÉ PAPÍ EXPLICA EL ESTUDIO QUE DEMUESTRA QUE LAS CUENTAS ESPAÑOLAS ESTÁN MANIPULADAS




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Re: 25 años de Unión Monetaria, nada que celebrar... salvo su defunción

Kanbei
Ex-paña, una franquicia del Banco Central Europeo, que paga los taifas con dinero del futuro.
Esto se va a saldar con la mayor expropiación de bienes privados y públicos de los ex-pañoles de toda su historia.

No hay otra salida, my amigos.
Los españoles de verdad, deberán exiliarse.
 "Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla" Tsun Zu
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