POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

Previous Topic Next Topic
 
classic Clásica list Lista threaded En Árbol
7 mensajes Opciones
Responder | En Árbol
Abrir este mensaje con la vista en árbol
|

POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

--------------------
MIÉRCOLES, 15 DE FEBRERO 2017

http://thearchdruidreport.blogspot.it/2017/02/the-world-as-will.html

Es impresionantemente fácil malentender los conceptos discutidos en el post de la última semana en The Archdruid Report. Decir que el mundo que experimentamos está compuesto por representaciones de la realidad, construidas en nuestras mentes tomando las ráfagas de datos que nos llegan de nuestros sentidos y encajándolas en patrones que ya están previamente allí, no significa que no exista nada más allá de nuestras mentes. Muy al contrario, de hecho; hay dos buenas razones para pensar que hay algo “ahí fuera”, una realidad exterior a nuestras mentes que produce las ráfagas de datos que hemos discutido.

La primera de esas razones resulta casi absurdamente simple a primera vista: el mundo no siempre tiene sentido para nosotros. Considera, como un ejemplo entre millones, la forma en que la luz parece comportarse como una partícula en unas ocasiones o como una onda en otras. Esto ha sido descrito de forma poco cuidadosa como una paradoja, pero en realidad sólo es un reflejo de las limitaciones de la mente humana.

¿Qué implica, después de todo, llamar a algo partícula? Dale vueltas al concepto por un rato y te darás cuenta de que en su raíz el concepto de “partícula” es una metáfora abstracta, extraída de la experiencia humana de manejar pequeños objetos redondos, como guijarros y canicas. ¿Qué es a su vez una onda? Otra metáfora abstracta, extraída de la experiencia humana común de observar el agua en movimiento. Cuando un físico dice que la luz actúa en ocasiones como una partícula y en ocasiones como una onda, lo que está diciendo es que ninguna de esas dos metáforas se ajusta más que en parte al modo en que la luz se comporta, y no tenemos a nuestro alcance ninguna metáfora mejor.

Si el mundo no fuera otra cosa que una alucinación proyectada por nuestras mentes, entonces no debería contener nada que no estuviera ya presente en nuestras mentes ¿Qué otra fuente podría haber? Eso implica a su vez que debería haber una perfecta coincidencia entre los contenidos del mundo y los contenidos de nuestra mente, y no deberíamos encontrar el tipo de disparidad que existe entre la mente y el mundo que deja a los físicos fuera de combate. De forma más general, el hecho de que el mundo nos desconcierte tan a menudo nos ofrece una buena evidencia de que más allá del mundo que experimentamos, el mundo como representación, existe alguna “cosa en sí misma” que es la fuente de los datos de los sentidos que ensamblamos como representaciones.

La otra razón para pensar que hay una realidad distinta de nuestras representaciones es que, en cierto sentido, experimentamos esa realidad en todo momento.

Levanta una de tus manos a una posición en la que puedas verla, y mueve los dedos. Verás los dedos moviéndose - o, más exactamente, verás una representación de los dedos moviéndose-  y esa representación se construirá en tu mente a partir de bits de datos visuales, una buena parte de memoria y ciertos patrones que parecen grabados en tu mente. También sentirás los dedos moviéndose -o, de nuevo, sentirás una representación de los dedos moviéndose, construída en tu mente a partir de bits de información táctil y cinestésica, además de los usuales factores de memoria y patrones grabados. Presta mucha atención y deberías ser capaz de sentir cómo tu mente ensambla la representación visual y la representación táctil en un solo patrón; esto ocurre lo suficientemente cerca del umbral de la conciencia como para que mucha gente sea capaz de reconocerse haciendo esto.
De modo que tienes una representación de los dedos moviéndose, parte del mundo como representación que experimentamos. Ahora pregúntate a ti mismo lo siguiente: el acto de voluntad que hace que los dedos se muevan ¿es una representación?

Aquí es donde las cosas se ponen interesantes, porque la única respuesta razonable es no, no lo es. No experimentas el acto de voluntad como representación; no lo experimentas en absoluto. Simplemente mueves tus dedos. Está claro que experimentas los resultados del acto de voluntad en forma de representaciones -las experiencias táctiles y visuales de las que hemos hablado- pero no la voluntad en sí misma. Si pudieras ver, oír, sentir, oler o saborear el impulso de la voluntad deslizándose por tu brazo hacia los dedos, podría ser razonable tratarlo como una representación. Dado que no es el caso, merece la pena explorar la posibilidad de que en la voluntad hemos encontrado algo que no es una representación de la realidad, sino una realidad que encontramos directamente.

Esa es la intuición en la base de la filosofía de Arthur Schopenhauer. Schopenhauer es uno de los dos guías principales que nos van a mostrar la mareante atracción de feria en que la filosofía se ha convertido últimamente, y nos guiará hacia las salidas bien indicadas, así que  seguramente quieras saber algo de él. Vivió en el destartalado conjunto de pequeños países que más tarde se convirtió en Alemania; nació en 1788 y murió en 1860; se doctoró en filosofía en 1813; escribió su obra más importante, “El mundo como voluntad y representación”, antes de cumplir los 30; y pasó toda su vida salvo los últimos diez años en completo anonimato, ignorado por las universidades y prácticamente por todo el mundo. Una pequeña herencia, cuidadosamente administrada, le evitó tener que trabajar para mantenerse, y gracias a ello dedicó su tiempo a la lectura, la escritura, tocar la flauta una hora diaria antes de la cena y a refunfuñar para sí mismo mientras la filosofía tomaba su alegre camino hacia la fantasía metafísica. Refunfuñó un montón, y no sólo para sí mismo. Los fans de Barrio Sésamo pueden imaginárselo como la versión filosófica de Oscar el Gruñón.

Schopenhauer nació intelectualmente de la raíz de Immanuel Kant, cuyo trabajo discutimos brevemente la semana pasada, y por ello la cuestión a la que se enfrentó fue cómo la filosofía podría responder al inmenso desafío que Kant había lanzado a los pies de la disciplina. Lo que Kant dijo en efecto fue, antes de empezar a parlotear acerca de lo que es cierto y lo que es real, mostradme que esas etiquetas significan algo en relación a algo, y que no estáis solamente cazando fantasmas creados por vuestras propias mentes.

La mayoría de los filósofos que siguieron los pasos de Kant respondieron a su desafío ignorándolo, o usando varios tipos de juegos de manos para pretender que no importaba. Un gámbito muy común de su tiempo era clamar que la mente humana tenía un superpoder especial o una intuición intelectual que permitía saltar por encima de las representaciones y alcanzar así una experiencia directa de la realidad. Lo que, por supuesto, significaba en la práctica que un filósofo podía simplemente tratar cualquier abstracción que imaginase como una realidad que no necesitaba ser probada; después de todo, lo había intuido intelectualmente (demuestra que no).

Había otros trucos del estilo. Lo que distinguió a Schopenhauer fue que él se tomó el desafío de Kant lo bastante en serio como para buscar algo que no fuese simplemente una representación. Y lo encontró. Lo que nos devuelve a los dedos moviéndose.

Como se discutió en el post de la semana pasada, cada una de las grandes tradiciones filosóficas del mundo había terminado por tener que afrontar el mismo desafío que Kant lanzó a la cara de los filósofos de su tiempo. Schopenhauer lo sabía, dado que una buena cantidad de la filosofía india había sido traducida a las lenguas europeas para entonces, y leyó mucho sobre el tema. Eso le fue de ayuda porque la filosofía india alcanzó su propia crisis epistemológica alrededor del siglo X a.C., sus buenos veintinueve siglos antes de que la filosofía occidental llegara a ella, y por ello constituía un punto de partida bastante interesante. Hay una rica diversidad de respuestas a esa crisis en las escuelas de la filosofía clásica india, pero la mayoría de ellas llegaron a la conclusión de ver a la conciencia como una (o la) cosa en sí, como realidad en lugar de representación.

Es un reclamo plausible. Mira a tu mano de nuevo, moviendo o sin mover los dedos. Ahora toma conciencia de ti mismo mirando a la mano, mucha gente encuentra difícil esto, así que empléate a fondo en ello y recuerda sentir al tiempo que ves. Ahí está tu mano, hay espacio entre tu mano y tus ojos; hay algo de tu cara que puedes ver, con o sin gafas puestas; pon mucha atención y podrás sentir también tu cara y ojos desde dentro; y entonces ahí lo tienes.

Ahí está lo que llamamos conciencia, lo que sea que que mira a través de tus ojos. Como el acto de voluntad que movió tus dedos, no es una representación; no la experimentas. De hecho, es muy similar al acto de voluntad que movió tus dedos, y es ahí a donde Schopenhauer dirigió su camino.

¿Qué significa, después de todo, ser consciente de algo? Un ejemplo sencillo para aclararlo. Mueve tu mano hasta que choque con algo; cuando algo detiene tu movimiento es cuando puedes sentirlo. Mira cualquier cosa; puedes verla si y sólo si no puedes ver a través de ella. Eres consciente de algo cuando, y sólo cuando, se resiste a tu voluntad.

Esto sugirió a Schopenhauer que la conciencia deriva de la voluntad, y no de lo que hay alrededor. Había otras líneas de pensamiento que apuntaban en la misma dirección, y todas ellas derivaban de experiencias humanas comunes. Por ejemplo, cada uno de nosotros deja de ser consciente durante algunas horas cada día, cuando vamos a dormir. Durante parte del tiempo que dormimos no experimentamos nada en absoluto; durante otra parte, experimentamos las extrañas representaciones disconexas que llamamos “sueños”. Aún en un sueño sin sueños, sin embargo, es normal para el durmiente cambiar de postura ante un estímulo desagradable. Por tanto la voluntad está activa aún cuando la conciencia está ausente.

Schopenhauer propuso que hay distintas formas, o como él lo explicó, grados de voluntad. La conciencia, que podríamos definir como la capacidad para experimentar representaciones, es un grado de voluntad, una forma en la que la voluntad se adapta a un mundo que con frecuencia se le resiste. La vida es otro grado, más básico. Considera la forma en que las plantas se orientan hacia la luz solar, se doblan y retuercen como serpientes a cámara lenta, y buscan concentraciones de nutrientes con sus penetrantes raíces hambrientas. Por lo que se conoce, las plantas no son seres conscientes -o sea, no experimentan el mundo de representaciones como lo hacen los animales- pero presentan el tipo de comportamiento de búsqueda de metas que demuestra la acción de la voluntad.

Los animales también muestran un comportamiento de búsqueda de metas, y de un modo mucho más flexible y complejo que las plantas. Hay una buena razón para pensar que muchos animales son conscientes, y experimentan el mundo como representación de alguna forma como nosotros; ciertamente los estudiosos del comportamiento animal han descubierto que los animales permiten que las acciones del pasado condicionen sus acciones del presente, pueden confundir a una persona con otra, y en cualquier caso se comportan de maneras que sugieren que sus acciones están guiadas, como las nuestras, por representaciones en lugar de reacciones directas a estímulos. En los animales, la voluntad ha desarrollado la capacidad de representar el entorno.

Los animales, al menos los más complejos, tienen también ese modo distintivo de conciencia que llamamos emoción. Pueden sentirse alegres, tristes, solitarios, furiosos etcétera; sienten afecto por ciertos seres y aversión por otros. Presta atención a tus emociones y te darás cuenta enseguida de lo íntimamente relacionadas que están con la voluntad. Algunas emociones -amor y odio entre ellas- son motivos para la acción, y por tanto expresiones de voluntad; otras -felicidad y tristeza entre ellas- son respuestas al éxito o fracaso en la consecución de las metas. Aún mientras las emociones se enredan con las representaciones en nuestras mentes, y presumiblemente también en las de los animales, siguen siendo caso aparte; se entienden mejor como condiciones de la voluntad, expresiones de su estado cuando se enfrenta con el mundo a través de sus propias representaciones.

¿Y los humanos? Tenemos otro grado de voluntad, al que llamamos intelecto: la capacidad de reunir representaciones en conceptos abstractos, algo que hacemos con la voluntad. Aquí hay una representación, que es marrón, peluda y ladra; aquí otra como ella; aquí una jauría entera de ellas. Y las amontonamos todas en una única categoría abstracta a la que asignamos un sonido como “perro”. Después podemos agrupar esas categorías, creando categorías más amplias como “cuadrúpedo” o “mascota”; podemos subdividir esas categorías para crear algunas más reducidas como “cachorro” o “Corgi”; podemos extraer cualidades del todo y tratarlas como conceptos separados, tales como “peludo” o “ruidoso”; podemos tomar ciertas cualidades muy generales y conjurar al reino de los números abstractos, haciendo constar cuántas patas tienen la mayoría de los perros y usando ese dato, junto con muchos otros, para construir el concepto de “cuatro”.

Así pues la vida, la conciencia y el intelecto son tres grados de la voluntad. Algo interesante sobre ellos es que los más básicos son más duraderos y estables que los más complejos. Los humanos, de nuevo, son buenos ejemplos. Los humanos permanecen vivos todo el camino desde el nacimiento a la muerte; sólo son conscientes mientras están despiertos; sólo son inteligentes cuando se ocupan activamente de pensar, lo que suele ocurrir con menos frecuencia de lo que nos gustaría admitir. Un cierto grado de cansancio, una emoción fuerte o un buen trago suelen ser suficientes para dar puerta al intelecto y dejarnos para lidiar con el mundo con la misma claridad mental que un perro medianamente listo; cuesta un poco más reducirnos al estado vegetativo, y un serio traumatismo físico llevarnos un nivel más abajo.

Echemos una ojeada, sin embargo, a ese nivel final. La sabiduría convencional de nuestro tiempo asegura que todo cuanto existe está hecho de algo llamado “materia”, que está configurado de distintos modos; más aún, esa materia es lo que de verdad existe, y todo lo demás, si es que existe, es algún tipo de función de esa materia. Para la mayor parte de nosotros esa es la forma habitual de entenderlo, la opinión filosófica desde la que partimos y a la que llegamos, y cualquiera que trate de cuestionarlo puede estar seguro de encontrarse con un rechazo frontal.

El problema aquí es que tanto los filósofos como los científicos han probado, cada uno a su manera, que la usual concepción de la materia es poco más que un sinsentido. Cualquier físico que valga su salario te dirá, para empezar, que lo que habitualmente llamamos “materia sólida” está casi tan vacío como el Vacío del espacio profundo, un pedazo de curvatura tetradimensional del espaciotiempo que parece tener algunas pequeñas ondas de probabilidad girando vertiginosamente dentro, y es la interacción entre estas y aquellas ondas de probabilidad lo que compone ese otro parche de curvatura espaciotemporal al que llamo “mi cuerpo”, que crea las ilusiones de solidez, color, y el resto de propiedades que atribuimos a la materia.

Los filósofos llegaron al mismo lugar un par de siglos antes, y por una ruta distinta. Los epistemólogos que mencioné en el post de la semana anterior -Locke, Berkeley y Hobbes- desmontaron la concepción habitual de la materia capa por capa y mostraron, por usar la terminología que ya hemos explicado, que todo aquello que atribuimos a la materia son simples representaciones de la mente ¿Hay algo que provoque esas representaciones? Como se ha dicho, sí, hay buenas razones para pensar que sí, pero eso no significa que ese “algo que hay ahí fuera” deba consistir en la materia en ningún sentido que se le quiera dar a la palabra.

Es ahí donde Schopenhauer tuvo que trabajar, y de nuevo, lo hizo llamando la atención sobre ciertas experiencias humanas básicas y comunes. Cada uno de nosotros tiene acceso directo, en cierto sentido, a una porción del “algo que hay ahí fuera”, la porción que cada uno de nosotros llama “mi cuerpo”. Cuando experimentamos nuestros cuerpos, los experimentamos como representaciones, como cualquier otra cosa, pero también actuamos con ellos, y el experimento de los dedos moviéndose demuestra que la voluntad que actúa no es una representación.

Por tanto existe una frontera entre la parte del universo que encontramos como voluntad y representación y la parte del mismo que encontramos como sólo representación. La ubicación exacta de dicha frontera es más compleja de lo que parece a primera vista. Es algo sabido que en las artes marciales, por ejemplo, un practicante capaz puede aprender a sentir un arma como si formase parte de su cuerpo. Muchos tipos de esgrima, por ejemplo, confían en lo que los esgrimistas conocen como “sentiment de fer”, sentido del acero; un esgrimista competente puede sentir el más leve toque de la otra hoja sobre la propia como si acariciase su mano.

Hay también ciertas circunstancias -acto sexual, danza, experiencia religiosa extática y violencia tumultuaria entre otras- en las que bajo ciertas condiciones difíciles de replicar, dos o más personas parecen fundirse, al menos brevemente, en una única entidad que se mueve y actúa con voluntad propia. Todas ellas involucran un cambio intelectual hacia un grado más básico de voluntad, y conducen en direcciones que merecerían un posterior análisis más atento; por el momento, lo importante de este punto es que la frontera entre el yo y el otro puede ser un poco más fluida de lo que solemos admitir.

Para nuestro propósito actual, sin embargo, podemos dejar eso aparte y centrar nuestra atención en el cuerpo como parte del mundo que cada uno de nosotros encuentra en una vía de doble sentido: como una representación entre otras representaciones y como un medio de expresión de la voluntad. Todo cuanto percibimos sobre nuestros cuerpos es representación, pero percibiendo esas representaciones observamos la acción de algo que no es una representación, algo a lo que llamamos voluntad, manifestándose en sus diversos grados. Eso es todo lo que hay. Ve y mira tanto como quieras, dice Schopenhauer, y no encontrarás nada más que voluntad y representación. ¿Y si todo lo que hay, si lo que llamamos materia es simplemente un grado más básico de la voluntad, y todo cuanto hay en el mundo, por tanto, se dividen entre la voluntad por un lado y la representación experimentada por ese modo de la voluntad al que llamamos conciencia por otro lado, y las cosas que las representaciones están representando no son sino distintas expresiones de esa energía que, por medio de su manifestación en nuestra propia experiencia, llamamos voluntad?

Esa es la visión de Schopenhauer. Lo más destacable es cuán cercana está al punto de vista de la ciencia moderna. Un siglo antes de la mecánica cuántica, él ya había comprendido que detrás de la fachada de las representaciones sensoriales que tú y yo llamamos materia yace una realidad incomprensible e insustancial, un reino de fuerzas complejas danzando en el vacío. Sigue sus argumentos hasta su conclusión lógica y llegarás a un equivalente tan cercano al universo de la física moderna que no es del todo implausible que se trate del mismo. Por supuesto, la plausibilidad no es una prueba, pero vista la naturaleza frágil, dependiente y derivativa del intelecto humano,podría ser lo más cerca que podemos llegar.

Y por supuesto, ese último punto es la razón principal por la que Arthur Schopenhauer pasó la mayor parte de su vida en la más completa oscuridad y el porqué, después de un breve periodo principalmente póstumo de superestrellato a finales del siglo XIX, de que su trabajo saliera de circulación  y rara vez haya sido mencionado desde entonces (para ser precisos, es una de las dos razones, a la otra llegaremos más tarde). Si está en lo cierto, entonces el universo no es racional. La razón -el uso disciplinado del grado de voluntad al que llamamos intelecto- no es la clave para alcanzar la verdad de las cosas. Simplemente es la explotación sistemática de un conjunto de hábitos mentales que resultaron ser convenientes para nuestros antepasados mientras lidiaban con las duras pero intelectualmente poco exigentes tareas de alimentarse, procurarse compañía, deshacerse de los predadores y otras por el estilo, que después fueron sacados de su contexto y puestos a trabajar para elaborar complicadas historias acerca de las causas de las representaciones que experimentamos.

Sugerir ésto, peor aún, respaldarlo con buen número de argumentos y evidencias, es colisionar frontalmente con una de las presuposiciones de nuestra cultura que lo invade todo. Veremos la chatarra que deja detrás de sí esta colisión en el post de la próxima semana.

=============================================================

Pido disculpas de antemano si la traducción resulta algo farragosa en algunos puntos. Traducir al Druida normalmente es complicado, traducir al Druida cuando habla de Schopenhauer es más difícil que traducir al mismísimo Schopenhauer, así que con eso y mi falta de tiempo he tardado más de lo que creía. Me gustaría traducir los siguientes posts, pero igual me eternizo a este ritmo...
Responder | En Árbol
Abrir este mensaje con la vista en árbol
|

Re: POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

Parroquiano
excelente , el texto y la traducción...+10
Y Jesús les dijo: y el que no tenga espada, venda su manto y compre una. ( Lucas 22.36)
Responder | En Árbol
Abrir este mensaje con la vista en árbol
|

Re: POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

Beamspot
En respuesta a este mensaje publicado por --------------------
 La traducción es muy buena, como las que nos tienes acostumbrados, amén de un texto de lo más interesante.

Pero por lo del tiempo, creo que te lo puedes tomar con calma... al parecer JMG se ha parado de publicar.
Responder | En Árbol
Abrir este mensaje con la vista en árbol
|

Re: POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

Kanbei
Duro trabajo te has tomado Demóstenes.
Un escritor de recovecos a lo E.A. Poe, que intenta diseccionar compactos filósofos alemanes, mientras se adentra en la ciencia oculta y la magia de los druidas, ... ése es JMG.

Beamspot escribió
Pero por lo del tiempo, creo que te lo puedes tomar con calma... al parecer JMG se ha parado de publicar.
Puede que sepa que la pobredumbre usana está a punto de reventar un feo cadáver imperial, o simplemente sus escrutinios le han llevado a un punto muerto. Leyendo con atención al Druida, me inclino por lo segundo.

Schopenhauer es el no filósofo, cuyo más aventajado alumno resultó Nietzsche.
Ambos unos encadenadores de sofismas y frases lapidarias, jaculatorias o eyaculatorias, sin armazón, y con conscuencias éticas nefastas. El primero como el primer filósofo ateo y abanderado del pesimismo más negro, y del segundo ... un esquizofrénico que inspiró los nazis más terribles.

A Kant, en cambio le debemos magistral demostración de la existencia del ser supremo.
Claro que Kant pone por delante lo racional frente a la materia.

Las ideas antes que los sentidos.
Lo apolíneo sobre lo dionisíaco.

Nos quedamos como estábamos, sin saber.
Saludos, orador.
 "Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla" Tsun Zu
Responder | En Árbol
Abrir este mensaje con la vista en árbol
|

Re: POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

Bihor
En respuesta a este mensaje publicado por --------------------
Muchísimas gracias por esta nueva traducción Demóstenes.

Regla de oro: trata a los demás como querrías que te trataran a ti
Responder | En Árbol
Abrir este mensaje con la vista en árbol
|

Re: POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

Abadín
Te echaremos de menos.
Si vuelves, serás bienvenido. En cualquier caso, cúidate.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.

Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña
Responder | En Árbol
Abrir este mensaje con la vista en árbol
|

Re: POST: John M. Greer –"El mundo como voluntad"

Bihor
Precioso el poema Abadín.

Por cierto, como pedigüeño que soy, te pediría, Demóstenes, que nos sigueras acercando de tanto en cuanto alguna de tus fabulosas traducciones, aunque no desees hacer ningún tipo de comentario sobre las mismas, creo que JMG nos ha brindado a lo largo perlas maravillosas.

Has tomado una decisión que hemos de respetar (pero soy un malcridado, qué le voy a hacer ) y por eso no dudo en pedirte ese trabajo.

Hemos podido comprobar a lo largo de los años que los foros, o incluso los blogs (el archidruida es el mejor ejemplo, pero tenemos en la columna de la derecha del blog de Antonio muchos blogs que no se han movido en años o foros tan importantes como The oil drum) siguen una evolución como la de cualquier ser vivo, nacen y si tienen suerte son capaces de desarrollarse, nos entregan sus frutos (unos amargos otros dulcísimos) y o de forma de colapso o de forma catabólica, dejan de existir, y eso mismo podemos decir de las participaciones de los foreros.

Demóstenes nos ha brindado intervenciones de un grandísimo nivel y nos ha demostrado qué es el buen gusto y la corrección, algo que jamás podremos dejar de agradecerle.

Un enorme saludo, y por si cuela, te dejo esta petición (por lo bajinis...)
Regla de oro: trata a los demás como querrías que te trataran a ti