Post 15/15\15: El interés asimétrico de "Colapso" de Jared Diamond - M. Casal Lodeiro

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Post 15/15\15: El interés asimétrico de "Colapso" de Jared Diamond - M. Casal Lodeiro

demián
Ya que sobre este libro (y la película basada en él) hemos escrito algo en este foro, no está de más leer estas observaciones críticas...

El interés asimétrico de «Colapso» de Jared Diamond
por Manuel Casal Lodeiro (15/15\15)

Una de las obras acerca del colapso civilizatorio más conocidas fuera del ámbito peakoiler (de hecho llegó a ser un best-seller en su país) es Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen, del ornitólogo y divulgador Jared Diamond, publicada originalmente en inglés en 2005 y traducida a castellano en 2012. Curiosamente la traducción española del subtítulo oculta uno de los aspectos de dicha obra que me merecen objeción. El autor subituló su obra en inglés How societies choose to Fail or Succeed, literalmente cómo las sociedades optan por fracasar o tener éxito. Y es que ese concepto de la elección social está ominipresente en este extenso libro, convirtiéndose en un lastre para quien quiera extraer de él unas conclusiones aprovechables para nuestro tiempo. No en vano, “Lecciones prácticas” es el título de la IV Parte del extenso (a veces incluso demasiado prolijo, como en el caso de la atención prestada, en el arranque del libro, al estado norteamericano de Montana) repaso histórico que hace Diamond a una selección de civilizaciones de nuestro pasado. Él parte de la premisa de que las sociedades eligen, es decir optan conscientemente, por seguir un camino u otro, como si tuvieran una sola mente capaz de un acto voluntario y consciente, y no fueran sino el resultado de complejas dinámicas sociales y, sobre todo, de poder, que determinan muchas veces caóticamente (o al menos siguiendo las dinámicas estudiadas por la Teoría de Juegos o la Dinámica de Sistemas) el devenir civilizatorio.

Sí que acierta a señalar —y ahí radica uno de los numerosos méritos que sin duda tiene Colapso— ciertos momentos históricos en los que unas determinadas opciones tomadas por ciertos agentes sociales tuvieron como resultado que una u otra civilización siguiera un rumbo hacia el colapso o, por contra, lo corrigiera y lograse perdurar. Pero en ningún caso se puede decir que una decisión de ciertas élites sea una elección social de fracasar. Nadie fracasa conscientemente, y menos un conjunto social, por mucho que ahora mismo resulte difícil no pensar —a la vista de nuestro delirante modo de vida— que nos estamos directamente suicidando como especie. Por tanto, el interés de lo que tan hábil y eficazmente nos sabe narrar Diamond, queda empañado por ese tipo de conclusiones y por otros posicionamientos suyos, como la insistencia en vendernos la idea de que hay empresas capitalistas buenas, que pueden buscar el bien social y ser ecológicamente responsables, o de que puede haber una “minería sustentable” o una extracción de petróleo limpia que no dañe el medioambiente, como si simplemente el uso de ese petróleo no fuese ya suficiente contribución al deterioro de la biosfera. Ahí el autor se debate entre una aparente ingenuidad y el lógico reconocimiento de que el interés de las empresas privadas es, en última instancia, crematístico. Para él, la salvación de nuestra civilización parece pasar, necesariamente, por una rectificación de las empresas malas siguiendo el ejemplo de las buenas prácticas (concepto BAU donde los haya) de las empresas más responsables. Esto viene de la mano de la animadversión que trasluce hacia los testarudos ecologistas, incapaces de ver, como él, que se debe ayudar a las empresas a comportase mejor con la sociedad y el medio ambiente. Incluso llega, en algún momento del libro, a decir que la ciudadanía es tan responsable de los desastres medioambientales de origen extractivo-industrial como las empresas contaminantes o como los gobiernos, por negarnos a subidas de impuestos o por no protestar lo suficiente (pp. 38, 43, 468 y 508 de la edición en inglés publicada por Penguin)! Insiste así, en repetidas ocasiones, en la responsabilidad social de los problemas ambientales, descargando en exceso a gobiernos y empresas, o al propio sistema capitalista-industrialista.

Si bien la mirada hacia el pasado que hace el libro es ciertamente valiosa —sirva como ejemplo su acertado énfasis en la importancia de cambiar los valores y la cultura cuando estos dejan de ser útiles para la sostenibilidad y se convierten en un lastre, ilustrado por el caso de la colonia vikinga en Groenlandia y Norteamérica, bautizada por ellos como Vínland— y está narrada con la habilidad de un escritor que engancha con su estilo —con valiosas metáfora como la de “el Mundo como un pólder”—, la extrapolación hacia el futuro de esas experiencias como vagaje del que derivar lecciones para corregir el rumbo de nuestra civilización, patina y convierte el libro en una obra de interés asimétrico, de un valor muy desigual.

Por ejemplo: la falta de consideración del problema energético a lo largo de su análisis resulta desconcertante. Si bien en 2005 no existía la extensa bibliografía hoy disponible acerca de la cuestión, no se puede negar que ya existía la suficiente como para que Diamond la tuviese en cuenta en una medida mucho mayor. Apenas un par de obras referenciadas (p. 551) y unas menciones sueltas al problema de los combustibles fósiles, nos sumen en la perplejidad a quienes conocemos algo de la cuestión, y nos hacen poner en duda el valor final de sus previsiones. Así, sorprende que prevea que las importaciones de petróleo y gas natural van a permitir a China dejar de quemar tanto carbón (p. 375) o que ventile todo el problema energético de nuestra civilización con un párrafo en la p. 490. Si no contamos con el Peak Oil (+Gas, +Coal…) ¿podemos asimilar adecuadamente las enseñanzas de ese pasado que nos muestra en las primeras partes del libro o debemos descartar la validez de lo que nos apunta en su parte final? En ese sentido aún le resta más credibilidad a esa parte conclusiva del libro la machocona metáfora de la “carrera de caballos acelerada” entre una concienciación cada vez mayor de los problemas ecológicos (según él) y un deterioro ambiental también acelerado. ¿Realmente una persoa que se supone tan informada como él sobre la situación del mundo, y conocedora de trabajos como el clásico Limits to Growth de Meadows, Randers & Meadows —así como la puesta al día del mismo y su contraste validado con los datos actuales— puede creer que el ritmo de esa supuesta concienciación social y gubernamental sea equiparable al crecimiento exponencial de los problemas ambientales o al decrecemiento exponencial de la disponibilidad energética? Me gustaría saber si en esta década que ha trascurrido desde que publicó esta obra, sigue pensando que existe esa carrera o más bien podemos dar por muerto al caballo al que habíamos apostado el futuro de nuestra especie. Es decir, si sigue viendo esos “signos de esperanza” de los que habla de manera muy poco convincente en la parte final del libro. ¿Cree también en serio que la TV nos está ensañando algo acerca de los colapsos del pasado (p. 524) cuando el 99% del tiempo de emisión se dedica a lanzar mensajes que nos dirigen precisamente hacia un colapso aún peor? Uno echa de menos el realismo y la sinceridad de un William Catton (Overshoot, Bottleneck) en esta obra. Pero imagino que los cenizos no venden best-sellers.

Dentro de lo más positivo y destacable de la obra, debemos anotar la capacidad analítica que muestra el autor para categorizar los diversos tipos de respuestas sociales ante los problemas medioambientales, o los propios problemas, lo cual resultará muy útil a quienes estudiamos estas cuestiones, pues encontraremos repetidas y claras similitudes con nuestra situación actual y el inmediato futuro que nos espera y nos ayudará a entender un poco mejor por qué hacemos lo que hacemos o por qué no estamos haciendo lo que debíamos hacer. En ese sentido, el cap. 9 (“Caminos opuestos hacia el éxito”) resulta especialmente interesante y nos hace recordar lo aprendido con Odum & Odum en A Prosperous Way Down y justifica aún más apuestas como la de Ted Trainer en La Vía de la Simplicidad (de próxima aparición en castellano). También su repaso al gobierno de Balaguer en la República Domicana nos sirve para anticipar la respuesta de la sociedad hacia las medidas de tipo ecoautoritario que seguramente presenciaremos a raíz del colapso ecosocial por parte de ciertos sectores del poder. Del mismo modo, su repaso a las actividades extractivas en Papúa nos da razones para insistir en la necesidad de la oposición social local contra los proyectos esquilmadores de este capitalismo que quiere morir matándonos el futuro.

Volviendo a los aspectos más criticables, resulta chocante también la interpretación equivocada que parece hacer de un clásico de los colapsos civilizatorios: The collapse of complex societies, de Joseph Tainter, a quien menciona en algunos puntos del libro, para más bien desacreditarlo de manera respetuosa, pero dando la impresión de no haberlo entendido en absoluto. De hecho, pasa por alto en toda la obra el concepto crucial —según Tainter— para entender cuándo y por qué colapsaron la mayoría de las civilizaciones que precedieron a la nuestra: el fenómeno de los rendimientos marginales decrecientes. Así, llega a afirmar que “las respuestas de una sociedad [a sus problemas] dependen de sus instituciones políticas, económicas y sociales y de sus valores culturales” (p. 14-15), sin mencionar el crítico factor de la energía disponible o la fase en la que se encuentren de su curva de retornos marginales. Uno termina la obra con la sensación de que podía haber sido muchísimo más valiosa si Diamond hubiese incorporado ese concepto a su repaso histórico. El libro podría haber sido una especie de The collapse of complex societies revisited, beneficiado de la hábil prosa de Diamond y de su conocimiento de culturas y sociedades próximas y alejadas de nosotros en el tiempo y la geografía. Pero no: se ha quedado en algo de bastante menor valor, rematado con conclusiones muy cuestionables, como que “el colapso no es inevitable sino que depende de las opciones escogidas por una sociedad” (p. 21), como si no fuese cierto que, llegado a cierto punto en la curva de los rendimientos marginales decrecientes, sean cuales sean las decisiones adoptadas en esa sociedad, el colapso terminará ocurriendo igualmente. Es decir, los sistemas complejos no se autosimplifican: simplemente colapsan y son sustituidos por otros más simples.

Quizás es que Diamond no acaba de entender por completo las implicaciones energéticas de nuestro modo de vida, porque aunque da en ocasiones muestras de hacerlo, en otros puntos hace comentarios como que la agricultura moderna de los EE. UU. es “altamente eficiente” (p. 164) en lugar de “altamente intensiva en consumo energético”, lo cual dista mucho de la “eficiencia”. Increíblemente, tampoco menciona la mayor disponibilidad de energía como factor del crecimiento poblacional (p. 312). En otras ocasiones incluso parece confundir causas con consecuencias como cuando comenta que justo después de alcanzarse los máximos poblaciones se producen los colapsos civilizatorios, cuando son precisamente los colapsos los que hacen que disminuya la población y por tanto convierten en máximos (peak population) los niveles poblaciones previos (p. 177). Tampoco parece conocer los fundamentos de la Dinámica de Sistemas pues no menciona los procesos de feedback positivos o negativos y habla, en cambio, de “reacciones en cadena autocatalíticas” (p. 186). Estas carencias interpretativas lastran, en mi opinión, el resultado final del libro.

No obstante, reconozco que la obra merece una atenta lectura aunque sólo sea porque aporta referencias muy valiosas de culturas habitualmente poco citadas en nuestra eurocéntrica bibliografía. Diamond tiene de bueno, entre otras cosas, su especial conocimiento de los ecosistemas y culturas de Oceanía y el Pacífico, de donde nos trae casos presentes y pasados de una relación entre el hombre y su medio muy interesantes, aparte de los que explica detalladamente de la Isla de Pascua, la Groenlandia vikinga, el Japón del Periodo Edo, Haití vs. la República Domicana, Australia, los indígenas del Suroeste nortemericano, los mayas, el genocidio ruandés, y otros. De entre todos ellos yo destacaría el valor de aquellos que Diamond identifica en la Norteamérica, la Papua y la Oceanía indígenas, como más largamente sostenibles (incluso milenios), y cuyas claves de sostenibilidad y evolución ante los problemas ecológicos y de recursos explica con detalle y muy didácticamente, y de donde cabe extraer importantes enseñanzas para las personas y proyectos preocupados por alcanzar hoy día una mayor resiliencia en sus comunidades locales.
En resumen, una obra que impresiona por su valor histórico (dentro de parámetros de una historiografía convencional sin enfoque energético), ampliado por las escogidas referencias que incluye para ampliar en el estudio de las sociedades que describe a lo largo del libro, pero cuyo valor para interpretar la coyuntura civilizatoria actual queda muy lejos del que puede tener por ejemplo En la espiral de la energía, una obra que sabe combinar mucho mejor y con más realismo los aspectos históricos, termodinámicos y políticos claves para entender el colapso en ciernes de nuestra propia civilización. Colapso resulta así un complemento valioso para obras tan fundamentales como esa de Fernández Durán & González Reyes, o el Collapse of complex societies de Tainter, pero cuyo interés es claramente asimétrico y limitado.